Andy Burnham toma el control del Partido Laborista y se prepara para convertirse en primer ministro británico
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PARÍS- Andy Burnham, apodado “el rey del norte” por sus compatriotas, tomó este viernes las riendas del Reino Unido. El alcalde del Gran Manchester de 56 años, convertido en cuestión de semanas en el hombre fuerte del Partido Laborista, se prepara para convertirse en el séptimo primer ministro británico en una década. Elegido líder del laborismo este viernes durante una conferencia especial, sucederá el lunes a Keir Starmer, cuya creciente impopularidad terminó por costarle el apoyo de sus propios correligionarios.
El escenario se perfiló en tiempo récord. Burnham obtuvo el respaldo de 322 de los 403 diputados laboristas desde el primer día del proceso de designación, superando con creces el umbral de 81 avales necesarios para presentarse, lo que desalentó cualquier candidatura rival. Su apoyo siguió creciendo, sumando 27 nominaciones adicionales, lo que elevó el total a 349 diputados, una cifra que hacía su victoria indiscutible.
It’s the honour of my life to be Leader of the Labour Party.
I will be a leader for every region and nation in this great country, and this Party will be unashamedly Labour in our priorities and in the decisions we take.
Together, we will set Britain on a new path. https://t.co/7SYlOp9qO6
Ese ascenso forma parte de una trayectoria iniciada en junio. Su victoria decisiva en las elecciones parciales de Makerfield le permitió regresar al Parlamento, requisito indispensable para aspirar a la dirección del partido, tras haber liderado hasta entonces la metrópolis del Gran Manchester como alcalde.
Este viernes, durante una “conferencia especial”, Burnham —apodado el “rey del Norte” en referencia a su obstinada defensa de los intereses de su región durante su etapa como alcalde de Manchester— fue elegido formalmente líder del partido tras haber obtenido un apoyo masivo de los parlamentarios laboristas. Se espera que el rey Carlos III lo nombre primer ministro el lunes próximo, una vez que la dimisión del actual premier se haga efectiva. De hecho, el sistema parlamentario británico permite que un partido en el poder cambie de líder —y, por tanto, de primer ministro— sin necesidad de convocar elecciones generales anticipadas, ya que los próximos comicios nacionales no son obligatorios hasta 2029.
En su discurso de campaña, quien fuera ministro de Salud Pública bajo el mandato de Gordon Brown defendió un proyecto de equilibrio territorial. Afirmó su intención de llevar a cabo “el mayor traslado de poder” desde Londres hacia las regiones británicas. A su juicio, ese proyecto podría reducir las desigualdades y el malestar de las “comunidades olvidadas” que se inclinan cada vez más hacia la extrema derecha de Reform UK. En todo caso, su candidatura no estuvo exenta de gestos de acercamiento hacia el ala izquierda del partido: la semana pasada se disculpó por la respuesta —considerada demasiado tibia—, del laborismo ante la ofensiva israelí en Gaza, reconociendo que el partido “no lo había gestionado bien”.
A diferencia de una investidura mediante las urnas, este traspaso de poder interno no conlleva ninguna convocatoria de elecciones generales inmediatas, una situación que el líder de Reform UK, Nigel Farage, ya ha denunciado exigiendo la celebración de unos comicios anticipados. No obstante, el calendario de los próximos días será apretado. Tras su elección formal al frente del laborismo este viernes, se espera que Burnham acuda al Palacio de Buckingham el lunes para ser nombrado oficialmente primer ministro por el rey Carlos III. A partir de ese momento, todos los ojos del partido estarán puestos en la composición de su equipo de gobierno y buscarán tener precisiones sobre su método de gestión. La formación del gabinete y las primeras decisiones presupuestarias serán objeto de un intenso examen desde los primeros días de su mandato.
Pero la tensión y las especulaciones no comenzaron este viernes, sino desde que Starmer —un hombre íntegro pero poco político— anunció su decisión de dimitir. Y esa tensión fue evidente el miércoles, durante la última sesión semanal de control al primer ministro a la que se sometió Starmer por parte de los diputados, cuando el exabogado de derechos humanos declaró: “Es el fin de mi vida política. Dejo el país en mejores condiciones de las que lo encontré”, recibiendo una ovación de pie, hecho inaudito en el recinto de los Comunes, donde está prohibido aplaudir.
I’m proud to leave this country in a better shape than I found it. pic.twitter.com/aI77415ja7
— Keir Starmer (@Keir_Starmer) July 15, 2026Pero no solo la extrema derecha está agazapada esperando el primer paso en falso del nuevo premier. Los desafíos que le esperan son enormes. Gareth Dale, académico de la Universidad de Brunel y especialista en política, subraya que Burnham hereda una tarea delicada, pues el apoyo electoral del laborismo se ha desplomado, habiendo perdido terreno no solo frente a Reform UK, sino también ante los Verdes en comparación con sus resultados bajo el mandato del líder de utra-izquierda laborista Jeremy Corbyn.
En el plano económico, la situación es igualmente peligrosa. El nuevo primer ministro debe lidiar con un crecimiento anémico, un elevado endeudamiento público y un costo del servicio de la deuda que se considera abrumador, todo eso en un contexto geoeconómico cada vez más tenso. A esto se suma el conflicto presupuestario heredado de Starmer sobre la financiación del aumento del gasto militar, el cual provocó la dimisión del ministro de Defensa, John Healey.
Sin embargo, la amenaza política más inmediata sigue siendo Reform UK. El partido de Farage lidera las encuestas desde hace meses, y muchos diputados laboristas temen perder sus escaños frente a ellos en las próximas elecciones generales, previstas a más tardar en 2029. El nuevo primer ministro dispone de poco tiempo: con unas elecciones generales en un horizonte de tres años como máximo, deberá convertir rápidamente en hechos unos compromisos que, no obstante, fueron concebidos a largo plazo. Como resume Nigel Wilcock, del Institute of Economic Development, el reto ahora es “convertir esa visión en realidad”.
A esto se suma la cuestión de la ética en la vida pública: el Institute for Government ha advertido al futuro primer ministro que debe actuar “con firmeza y rapidez” en este ámbito.
Como si todo esto fuera poco, queda la incógnita de su propia cohesión interna: respaldado por una ola de apoyo casi unánime, Burnham tendrá que transformar ese impulso en un respaldo mayoritario duradero.