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Claudio Borghi y el futuro sin Messi: “Va a ser difícil, como fue difícil después de Diego...”

Era una debilidad de Carlos Bilardo, tanto que hasta le ganó el lugar en la lista para México ‘86 a Alejandro Sabella, un hijo del Doctor. Es que Claudio Borghi era genial. No fue titular contr...

Era una debilidad de Carlos Bilardo, tanto que hasta le ganó el lugar en la lista para México ‘86 a Alejandro Sabella, un hijo del Doctor. Es que Claudio Borghi era genial. No fue titular contra Corea del Sur, pero sí frente a Italia y Bulgaria… hasta que salió en el entretiempo y no volvió nunca más. Camino al título en el Mundial, antes de la semifinal contra Bélgica, el Bichi Borghi explotó: “Pensé que esto era otra cosa. Me aburro. Yo soñaba con el Mundial, pero no me lo imaginaba así, tan exigente, tan duro. Debe ser otro de los factores de mi fracaso. No soy tan apasionado como mis compañeros. Quisiera estar ya en Buenos Aires”. Tenía 21 años, era un talento a destiempo. Noble, sincero, hablaba con su verdad. Hasta hoy, siempre sin dobleces para declarar. Este mes va a cumplir 62 años y la vida fue dejando cicatrices y enseñanzas.

“Cuando Bilardo me sacó del equipo sentí que me perjudicó, pero tenía razón”, asume Borghi. Y va más allá, hasta elige una reivindicación: “Con los años lo entendí, a tal punto que muchas de las cosas que hago, o hice como entrenador fueron réplicas suyas. Bilardo es el entrenador del que más aprendí. Si no jugaba me enojaba, y después te das cuenta de que esos momentos, acá en Chile se dice ‘a concho’, deben vivirse lo mejor posible. Vivirlos y disfrutarlos. Mi problema fue que venía de un club, Argentinos, donde una de las exigencias era jugar bien, y si bien tácticamente había trabajo, no tanto como el que desplegaba Bilardo. Pasé de algo lírico, si querés llamarlo así, a algo muy rígido, entonces el cambio fue muy grande para mí. Y era pendejo, me hubiera gustado jugar ese Mundial con algunos años más, a los 24 o 25 años, a los 21 años se es muy joven para estar en un Mundial”. Cuando habla Borghi, hay que esperar sentencias. Y confesiones. Sus confesiones.

-A 40 años de México ’86 volvieron a cruzarse Argentina-Inglaterra. ¿Fue especial para vos?

-Siempre está el recuerdo de aquel partido… A mí, lo que me sigue llamando la atención, es la importancia que le da la gente a un partido. Aparentemente, somos más enemigos de los ingleses en el fútbol que en otros ámbitos, ¿no? Si vienen músicos, por ejemplo, no les reclamamos nada, y está bien no reclamarles. ¿De qué tendríamos que culparlos? Si no, los japoneses no se hablarían con los gringos… Fue una guerra, lo peor que te puede pasar. Pero en el fútbol no, en el fútbol tenemos que ganar y parece que vengar también. Ganar está bien, el problema es todo lo demás que se crea alrededor de un resultado. Y hoy, además, con las redes sociales -y todo el mundo tiene derecho a opinar-, las faltas de respeto son tremendas. A veces me pongo a revisar algunas cuentas y descubro que casi no tienen interacciones, es decir que solo las tienen para putear. Este Mundial ha sido muy fuerte en ese aspecto, quizás los que vivimos afuera lo notamos más que aquellos que viven en la Argentina… Fue muy desagradable escuchar a tantos diciendo “ojalá que Argentina pierda”… Eso te va complicando. Incluso Samuel Jackson, actorazo, dijo que Argentina es el país más racista del mundo y no creo que ese muchacho conozca a la Argentina. Cuando tenemos a una afroargentina como líder militar, la capitana María Remedios del Valle… pero bueno, tampoco tiene por qué conocer nuestra historia.

-De Qatar 2022 pasamos de amados a odiados en 2026…

-Lo de Qatar fue por Messi, no por Argentina. Todo el mundo quería que este chico no dejase de jugar sin haber llegado a ser campeón del mundo, ¿no? Pero ganarla dos veces… no, no se puede, era mucho, como que estaba prohibido. Mucho premio. Yo me ocupo mucho de esas situaciones que nos retratan como engreídos y fanfarrones, entonces cada vez que un chileno va para Argentina le pregunto ‘¿cómo te trataron?’. Y me dicen: “Maravilloso, maravilloso, no tengo nada de qué quejarme”. Tenemos una forma de ser que a veces a otra gente le puede molestar porque somos cancheros, gritones, esa mezcla española, italiana y medio india que nos hace bien especiales. Otros países son diferentes y ahí empezamos a rebotar, ¿no?

-Messi ya no jugará en la selección. ¿Y ahora?

-Va a ser difícil, como fue difícil después de Diego... Va a ser difícil encontrar a un jugador que, cuando vos tenés un quilombo con la pelota, podés levantar la cabeza, verlo, dársela… y ya está. Solucionado. Dos cuerpos increíblemente tan diferentes en vida, pensamiento y estilos, pero igual de geniales. Messi te soluciona cosas de forma maravillosa. Quizás salga otro, ¿no? Afortunadamente estos jugadores se nos han dado bastante seguido. Después de Diego pensé que no iba a salir otro… y salió. Tenemos esa bendición de recibir grandes jugadores. Pero la gran diferencia entre aquella época y esta, es que ahora hay muchos jugadores argentinos en ligas importantes y eso te va dando un ritmo diferente. A veces, cuando un chico salta de los niveles nacionales a los internacionales, se queda un poco sorprendido por los ritmos, la toma de decisiones, la confianza, y en ese sentido la Argentina ya tiene a muchos jugadores instalados en grandes lugares.

-No todos, claro. Hay casos como los de Echeverri y Mastantuono que no logran afirmarse.

-Lo de Mastantuono es muy llamativo, porque es un chico que juega muy bien. La pregunta que me hago es si estaba preparado para ir a esos niveles. Por ejemplo, yo me equivoqué. Cuando fui a Italia, al Milan, tendría que haber tenido un paso previo por un equipo europeo de menor jerarquía, que me permitiera acostumbrarme a varias cosas, y no solo a las deportivas. Hablo de mí: yo tuve un choque físico, técnico y cultural. De Morón a Milán hay una diferencia bastante grande. En aquella época no teníamos la posibilidad de hablar por teléfono todos los días, ni verte en una pantalla. Creo que Mastantuono debería haber ido a un club con menos obligaciones que el Real Madrid y después sí pasar al grande. Algo así parece que sucederá ahora con su carrera. Bueno, vos me podrás decir que River es grande, sí, sí, pero evidentemente de pasar de tu país a cambiar completamente tu forma de vida, impacta.

-¿Cómo impactó Maradona en tu vida?

-Yo soy cuatro años más chico que Diego. Fui alcanzapelotas en Argentinos en la época que aparecía Diego en Primera, y creeme que era un premio ser alcanzapelotas de la Primera. Lo vi jugar mucho, y yo llegué a la Primera de Argentinos cuando él se fue a Boca, en el ‘81. Confieso que nunca fui su amigo, pero había un respeto mutuo. Para él nunca fui Claudio y él tampoco fue Diego, éramos el Bichi y Pelusa. Para mí fue Checho y no Sergio , ni Adrián fue Adrián, sino Colorado. Existía esa cercanía con Diego, pero no amistad, no tuve ese placer.

-Jugaste con Maradona. ¿Es fácil jugar con los cracks porque resuelven todo, o difícil porque hay que estar a su altura?

-Vos en tu club no jugás con jugadores muy buenos frecuentemente, y esto lo digo humildemente, pero vos estás acostumbrado a pensar más rápido que todos los demás, pero después te llega un tipo que piensa más rápido que vos. El problema con Diego era que todos llegábamos a la misma conclusión que él en un pase o una genialidad, el tema es que él llegaba a otras velocidades: cuando vos estabas empezando a entender la jugada, el tipo la estaba terminando. Normalmente uno juega con jugadores que son menos hábiles, y eso te sorprende. ¿Cómo se llama este chiquito ajedrecista, argentino? Me gusta tanto…

-Faustino Oro.

-Eso, Faustino. Me gustaría verlo jugar en vivo para notar esa velocidad que tiene para resolver problemas y tomar decisiones ante grandes maestros. Porque no juega al ajedrez conmigo, juega contra grandes maestros. Él me tiene sorprendido. Y no solo juegan genialmente, sino además, después, estos guachos se acuerdan de todos los movimientos que hicieron, y no solamente los suyos, sino también los que hizo el rival. Esos tipos son muy especiales, por eso, cuando Dybala dijo que era difícil jugar con Messi, yo me imagino que se refirió a eso, porque Dybala no debe encontrar a mucha gente que piense más rápido que él.

-Maradona fue muy elogioso con vos, hay videos donde cuenta que tus rabonas y controles son mejores que las suyas.

-Ahí fue muy generoso conmigo. Cuando yo era chico me decían “vos podés hacer eso”. Y yo les contestaba: “No me jodan, no puedo hacer eso”. Y me insistían: “Es que no querés”. Y yo me defendía: “¿Cómo no voy a querer hacer una cosa así, es que no puedo”. Diego fue único en varias cosas, su velocidad, su potencia, sus controles. En aquel momento las comparaciones fueron una mochila tremenda para mí, porque yo les decía a todos que no podía hacer eso que hacía Diego, y los demás estaban esperando que las hiciera. Hoy, casi con 62 años, pasó a ser un halago maravilloso que me hayan comparado con él y que él haya tenido aquellas delicadezas. Me hace feliz. Pero nunca estuve a su nivel… Quizás, alguna vez, en Argentinos, estuve en un nivel muy alto, pero no lo pude mantener. Cosa que sí hacen los jugadores actuales; yo a los 34 años estaba retirado, y ahora a los 38 están jugando. ¿Por qué? Porque han cambiado muchas cosas, como la protección que hay sobre los jugadores. Y eso es muy bueno. Antes te pegaban en las orejas si podían, y ahora no pueden. Entonces las rodillas, que son nuestros amortiguadores… Mirá, yo voy a cumplir 62, pero mis rodillas tienen 140 años. Están muy golpeadas. Hoy esa protección existe y les permite a los chicos jugar más tiempo.

Borghi vive en el barrio de La Reina, una comuna residencial, muy arbolada, de casa bajas casi sobre la precordillera. El viaje hasta el centro de Santiago, hasta Providencia donde está la radio Futuro, una de sus tareas como comentarista deportivo, proponen casi una hora de charla con LA NACION. El tránsito pesado –la marcha lenta- juega en favor de la entrevista. Desde 2016, en Liga de Quito, que Bichi no ha vuelto a dirigir. “¿Nada te haría regresar?”, escucha. “Lo peor que puedo hacer en mi vida es pararme al lado de una cancha de fútbol, porque ahí te vuelven todas las ganas. ¿Sabés cuándo decidí no dirigir más? Fue gracias a Juan Antonio Pizzi”, dispara. Sabe que atrapa la atención. Y llega la explicación.

“Pizzi fue siempre muy pintón, con su facha –detalla-, y estando en un partido en Colombia, yo como comentarista y él como entrenador de Chile, en un momento lo enfocan, en el banco, y estaba desfigurado, la cara se le había deformado, y eso se debe a las presiones. Y ahí dije “no dirijo más, yo no quiero eso”. Y en estos días pensé mucho en el Chacho Coudet, que fue mi compañero en Platense, y un tipo que siempre estaba jodiendo, tirando chistes, pasó a la preocupación de tener que dirigir. Te pagan bien, sí, es cierto, y es tu trabajo, pero si tengo otra alternativa, por el momento… no. Nunca digo nunca o jamás, pero por ahora… no. Dejar trabajos estables, como los que tengo, por la inestabilidad de los técnicos ya sería complejo”. Y se lo escucha muy convencido.

-Llevás una década en los medios de comunicación, ahora, también en TNT Sports y en el streaming PicadoTV. ¿Qué descubriste de este lado?

-Encuentro como en la vida, de todo. Tipos que estudian, que ven fútbol, otros que no ven tanto y se cuelgan de lo que dicen otros. El tema es que no da para estar dos horas, todos los días, haciendo un análisis del juego. De tácticas y de sistemas, no da. Entonces se habla de fútbol, de chistes, de la vida, de recuerdos… y así se pasa. Pero hay muchos medios y todos tienen que sobrevivir y de pronto la polémica vende más que el mismo fútbol. Las generaciones han cambiado mucho, consumen contenidos de otra manera… El otro día veía a un chico en un programa y él decía que Julián Alvarez es más completo que Pelé, y quizás para él puede ser. Él puede decir “otro tipo como éste no va a haber”, y sin embargo hubo. Son otros tiempos.

-¿Qué añorás o reivindicás de tu época que ahora no se ve en las canchas, y qué te gusta de la actual y te hubiese gustado vivirla?

-Me hubiese gustado vivir esta tecnología. Y no hablo de mediciones ni GPS, me refiero a los zapatos de fútbol, el estado de las canchas… Nuestros zapatos pesaban dos kilos y los actuales pesan gramos… Me hubiese gustado experimentar todo esto. Y lo negativo… Me gustaría que hubiese menos violencia en el entorno, que yo pueda ir a tu cancha a ver a mi equipo y vos pudieras venir a mi estadio, una mejor convivencia… No es que antes no había violencia, pero ahora es peor. La participación de la gente es buena, y si los visitantes no están… ¿Porque allá todavía no volvieron, no? Otras partes del mundo, en este aspecto, nos llevan mucha ventaja.

-Tenés más de 30 años de residencia en Chile. Tras no participar de los mundiales 2026, 2022 y 2028, ¿notás angustia o algo peor, una tendencia a naturalizarlo?

-Estando dentro de un equipo de fútbol jamás me di cuenta de la importancia que tiene para la gente. Hasta que… yo estaba comentando a la selección chilena en Brasil, y ese día quedó afuera del Mundial anterior. Cuando bajé de la cabina y fui para los camiones que transmiten, ahí estaban los trabajadores chilenos con toda su angustia y ahí te das cuenta, la puta, esto para la gente es realmente importante. No quiero decir quién tiene la culpa, pero aquí están los dueños de los clubes invirtiendo poco, los trabajos en inferiores no son los adecuados, y entonces el recambio de jugadores es muy lento. O no existe, no salen jugadores relativamente parecidos a los anteriores. Y tampoco se están haciendo grandes esfuerzos para que esto cambie. Chile lleva un año con un técnico interino , que es un buen entrenador, lo conozco desde pibito, fui padrino suyo en Colo Colo, lo adoro… pero lleva un año como interino. Alemania quedó eliminada y tardó un día y medio en nombrar a otro entrenador. Holanda, también. Es decir, cuando no está la planificación necesaria, todo se hace más difícil.

-¿Nunca llegará Manuel Pellegrini?

-Se ha intentado, incluso cuando un querido amigo suyo fue presidente de la federación chilena, Arturo Salah, todos pensaron que había llegado el momento. Y tampoco se dio… Es como Papá Noel, que uno espera que todos los años llegue, y no llega. El deseo de todo el mundo es que Manuel sea el entrenador, ahora, a su edad, y no habiendo dirigido nunca a nivel selección, no sé si sería lo mejor. Y si no dirigiese, uno de los deseos es que se haga cargo de todo el fútbol, como lo fue el Flaco Menotti en un tiempo en la AFA. Ahora, quiero ser justo con Manuel porque, si bien él en Chile dirigió, cuando se fue de Liga de Quito, donde salió campeón, y volvió a Chile, nadie le ofreció trabajo. Nadie. Se tuvo que ir a San Lorenzo y desde ahí hizo una carrera maravillosa. Nadie es profeta en su tierra, pero Manuel debe tener ese recuerdo de haber pasado por Chile buscando trabajo y que nadie le diera la posibilidad. Esta es una especulación mía.

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-¿Qué opinás de las SAD, que en Chile están autorizadas?

-Pero en Argentina hay mecenas, gente que aporta, quizás de manera medio encubierta. Tiene sus ventajas y desventajas. Entre las ventajas, los jugadores tienen que cobrar religiosamente todos los meses, sino las sociedades anónimas tienen problemas, descuentos de puntos y demás. Si no pagan el plan de salud o no aportan para la jubilación, también tienen problemas. Partió muy bien el tema. Ahora… imaginate que un hincha de River compre a Boca, imaginate que los capitales que lleguen a Boca sean de un hincha de River… A lo mejor pone plata y quiere ganar, quiere lo mejor… Pero acá no sabemos quiénes son los dueños porque son acciones que se compran y no necesariamente tienen por qué dar a conocer el nombre… Hay empresarios, representante detrás que pueden poner el dinero y nunca figuran, pero son los dueños… Entonces, no sé si funcionaría en la Argentina por una cuestión de idiosincrasia. Sí, la compra claramente debe ser con una serie de obligaciones, como que las inferiores sigan trabajando, que el club crezca en infraestructura… y esas aquí no son obligatorias… Y como hay una norma que establece que en todos los partidos cada equipo debe alistar a un juvenil sub 21, algunos equipos tienen tan pocos juveniles que los piden prestados, y eso indica que peligrosamente se ha dejado de atender a las inferiores.

-¿Te gusta que los exfutbolistas se vuelquen a la dirigencia?

-En algunos casos es bueno, porque saben del producto. Y en otros casos es un problema, porque yo la economía no la manejo ni en mi casa. No sé si los chicos que fueron para ese lado es por la vocación que tienen, porque son hinchas, porque quieren que el club progrese… no lo sé. En el caso de Román , me hubiese gustado verlo dirigir, o verlo en un panel para que nos siga enseñando de fútbol. Sabe muchísimo. Ve cosas que otros no ven. Al Luifa lo tuve de compañero en Independiente, a Milito lo veo sufrir más, ¿no? Cuando los resultados no llegan, caen las críticas.

-Ponen en riesgo al ídolo…

-El jugador de fútbol está acostumbrado a exponerse, siempre, está en la naturaleza de la profesión. Si no, jugarías un partido mal y dirías “la estoy pasando mal” y no jugarías más. No. El ídolo siempre está expuesto. Yo los admiro porque podrían estar en su casa tomando mate, y sin embargo siguen trabajando. Y les puede tocar sufrir, porque esa condición de ídolo popular, muy queridos, luego no se replica en el mundo de la dirigencia.

-¿Mirás fútbol argentino?

-Lo sigo todo lo que puedo. Mi suegra me dice ‘¿tanto te gusta el futbol que te la pasás mirándolo todo el día?’ Y sí, me gusta, y además es mi trabajo. No puedo ver todo, claro, me pierdo partidos porque muchas veces yo estoy al aire en ese momento… Sería injusto hablar en detalle, pero a nivel internacional me resulta más usual verlos, por ejemplo, el muy buen paso de Lanús por la Sudamericana anterior, o Platense, con una gran experiencia internacional en esta Libertadores, o Estudiantes, que juega con aplomo… También he visto el momento muy complejo de River… Y cuando veo a Argentinos sufro más que con cualquier otro porque es mi casa, me gustaría que a Nico le vaya muy bien y que Argentinos fuese otra vez campeón.

-A los grandes no les va bien en los últimos años, y se han filtrado entre los campeones Platense, Patronato, Independiente Rivadavia, Belgrano…

-Eso es llamativo por el peso económico que tienen los grandes. Lo que invierten River y Boca no lo puede invertir Argentinos, por ejemplo. Fui a Córdoba a ver la final de la Copa Argentina entre Argentinos y los mendocinos, y quizás Argentinos, un poco por su historia debía ganar, y no ganó. Lo de Platense fue muy bueno. Y en el caso de Boca o River, de la forma en que quedan eliminados de las copas, lo hace todavía más terrible, ¿no? Mirá, hay dichos, como que no por poner más delanteros vas a atacar bien, no por jugar hacia atrás significa perder tiempo, y a veces, no por invertir mucho te asegurás un campeonato. Esto es un trabajo en equipo, saber gestionar jugadores… y todo eso va contando para ganar.

-Dijiste que pasar por Boca fue hacer un magisterio como entrenador. ¿Tan diferente es?

-Estando afuera de Boca, todos te hablan del “mundo Boca, el mundo Boca, el mundo Boca”, y vos te preguntás a qué se refieren, qué puede ser tan raro. Y cuando llegás te das cuenta que sí, que es un mundo Boca. Un mundo muy especial. Un club maravilloso desde mi punto de vista, más allá de que yo no tuve buenos resultados, pero jamás recibí una falta de respeto ni de los directivos ni de los hinchas. Sí, que me dijeran: “Gordo, mirá que tenemos que ganar”. Y, sí, claro. Creo que los técnicos que tuvieron la posibilidad de pasar como jugadores tienen un poquito de ventaja en comparación con el resto. Y lo veo ahora en el Vasco , y no hablo de más espalda, porque si no ganás te vas igual, me refiero a que ya conocen los pasillos, la gente, el clima. Llegan y ya saben muchas cosas.

-¿Cómo analizás el VAR?

-Depende, depende. Creo que limita mucho al árbitro, le ha quitado protagonismo en la toma de decisiones. A veces cobran y después esperan que de arriba les digan si fue o no fue lo que ellos creen. En ese sentido, creo que vamos retrocediendo. Pero, pero, en muchos casos nos ha sacado de dudas importantes. Sí, me parece maravilloso que ahora se expliquen las sanciones, que la gente escuche y entienda, algo donde el rugby nos llevaba años de ventaja. Acá, en Sudamérica, es todo más difícil para los árbitros. En Europa se acatan más las órdenes o esperan con otra corrección los jugadores. Acá, el árbitro cobra y van todos a protestarle. Yo a estos tipos, a los árbitros, los admiro porque la vocación que tienen es tremenda. Mirá que llevo años en el fútbol y jamás, pero jamás, escuché a alguien decir “yo quiero ser árbitro”. No sé de dónde salen, son japoneses. Se enfrentan a 22 tipos que los quieren cagar, más todos los que ahora van al banco. Y todo el mundo les recuerda a los parientes… Cuando conocés a más de uno, ves que son buenos pibes y te dan ganas de decirle a la gente que nos los puteen tanto... Afortunadamente, de vez en cuando, aparece alguien que quiere ser árbitro.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/claudio-borghi-y-el-futuro-sin-messi-va-a-ser-dificil-como-fue-dificil-despues-de-diego-nid08092026/

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