El plan C
Yo escribo porque no. No aprobé el curso para ingresar al conservatorio de arte dramático, no aprobé el curso para estudiar Diseño de imagen y sonido, no pude seguir el ritmo de lo que se esper...
Yo escribo porque no. No aprobé el curso para ingresar al conservatorio de arte dramático, no aprobé el curso para estudiar Diseño de imagen y sonido, no pude seguir el ritmo de lo que se espera, primero el jardín, segundo la primaria, tercero la secundaria, cuarto la universidad, así, sin pausas. Por eso escribo, porque no, no logré seguir de largo. Escribo también porque no, no tenía mucha idea de cómo avanzar y no, no quería no tener un rumbo, no quería ser la que no, no quería avergonzar a mis padres porque todos los demás habían comenzado con la vida, la real, y yo ni siquiera un poco. Y ante todo escribo porque no, yo sabía que no, por supuesto que no, Cris Morena nunca me iba a llamar para protagonizar uno de sus programas de televisión; porque no, lamentablemente no, Adrián Suar no me iba a convocar para ser la nueva pareja de Nicolás Cabré en su próxima tira para Pol-ka; no, qué tristeza pero no, Pepe Cibrián tampoco me iba a dar el papel de Mina, ni siquiera el de Lucy, en su nueva puesta en calle Corrientes del musical Drácula.
Por eso empecé a escribir, porque no, no volví a intentar aprobar el ingreso al conservatorio y no, no seguí con los talleres de teatro, no seguí con los talleres de canto, pero sí me decidí o me obligué y me puse a estudiar Letras. Pensé que por alguna razón tenía que ver. Y fue entonces que de nuevo no, no quería ser distinta a mis compañeros que se juntaban en la previa a la clase de Teoría Literaria, esa que se daba en el aula Boquitas pintadas, a la clase de Literatura del Renacimiento, a la clase de Literatura Argentina y se preguntaban ¿y vos qué escribís? ¿y vos que escribís? ¿Y vos? ¿Ya una novela? Y yo no, yo nada. Por eso empecé a escribir, para que no se me notara la máscara, no, tenía que taparla. Escribí en un cuaderno verde tapa dura unas poesías espantosas y unos cuentos larguísimos y horribles que nadie leyó y un diario, siempre un diario, de una manera, de otra, para no, no quedarme afuera, para meterme de una vez o a codazos en el mundo de verdad, de la adultez, para formar parte.
Después escribí más porque no, por algo no, no me resultaba extraño. Por algún motivo era una forma de estar en casa, no en la que vivía, la de mi familia, no, en una casa propia. Toda mía: el living, la cocina, el cuarto, el baño. Por algún motivo era una forma de conocerme, de sacarme de encima a la estudiante del colegio alemán para ver qué iba venir. Y también escribí más porque leí mucho más. Porque estudié periodismo. Porque me di cuenta de que no, no todo era Shakespeare y Boccaccio y Flaubert y Melville y Borges y Sor Juana Inés de la Cruz y Mann y Dickens y Tsvetaeva y Góngora y Pirandello. No, ahí estaban Didion y Ginzburg y Brennan y Caparrós y Talese y Guerriero y Enríquez y Capote y Foster Wallace.
Ahora sé que escribo porque no, hice bien en no estudiar actuación; no, hice bien en no dedicarme al cine, a los guiones, a la producción y tanto más. Escribo porque no, no estoy tan perdida, no, no estoy tan equivocada, no, todavía no, todavía tengo tiempo. Y además o de nuevo antes que todo escribo porque no, no quiero que nadie me diga cómo son las cosas, no, escribo porque las quiero ver yo, las quiero entender yo, las quiero pensar yo, las quiero desarmar yo, probar yo, analizar yo, romper yo, imaginar yo, a mi modo, colorear yo, soportar yo, descartar yo, quiero destriparlas por completo y si es necesario volver a montarlas pero hacerlo yo. Escribo porque quiero escuchar todo y mirar todo y buscar todo y tocar todo y oír todo. Aunque después no me guste. Y voy a seguir escribiendo porque no, por todos los otros no, porque esto está bien y es para mí. Para seguir. Para no confundirme en el camino. Para no perder el sentido. Para no sentir que nada es el fin.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/el-plan-c-nid16072026/