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En su semana más tóxica, Milei asumió como el nuevo jefe de la vieja casta

“Si sueltas un tigre en medio de un parque donde hay gente esperando que comience un concierto de los Rolling Stones y ese tigre ataca a cualquiera que se le cruce, el recital pasa a un segundo p...

“Si sueltas un tigre en medio de un parque donde hay gente esperando que comience un concierto de los Rolling Stones y ese tigre ataca a cualquiera que se le cruce, el recital pasa a un segundo plano, la atención del público se la lleva el felino, es obvio que así sea, pero no por eso va a ser considerado mejor que Mick Jagger. Solo será una anécdota en la historia”, comentó un exdirigente político argentino, que vive en Madrid desde hace décadas, a propósito de la visita de Javier Milei a España. La respuesta estaba bien fundada: creer que Milei se llevó la centralidad de la atención pública y política en su estadía ibérica no significa que lo haya hecho bien, ni que le sume prestigio, todo lo contrario. Solo sirvió para dar un paso más hacia un punto de no regreso, que puede terminar aislándolo en la política internacional, incluso, hasta de sus aliados.

Esta semana, la legisladora y portavoz del partido político español Más Madrid, Manuela Bergerot, calificó al presidente Milei, en una entrevista en el canal de streaming Cíclico, como “un activo tóxico”, analizando el paso del presidente argentino por España, donde los candidatos del Partido Popular (PP) evitaron cruzarlo. La extrema derecha, VOX, partido que siente desde un comienzo afinidad con Milei, apenas le regaló un zoom de 5 minutos con su líder Santiago Abascal. Es decir que Milei viajó a España para hacer un zoom que bien pudo hacer desde Buenos Aires, un viaje absolutamente innecesario, si no fuera porque espantó a toda la opinión pública democrática española, que no está acostumbrada a ver a un presidente insultar a periodistas o a comportarse con modos antidemocráticos tratando a otro presidente electo por la voluntad popular, que gobierna dentro del marco de la ley y la constitución, como “un dictador al que hay que sacar a patadas”. No entendió el Presidente que hay metáforas que sobran por innecesarias y violentas.

Los argentinos estaban tan enojados con la política y con sus dirigentes tradicionales que eligieron un cambio a un costo; permitieron estos exabruptos porque estaban seguros de que peor era la corrupción anterior. Los aceptaron como parte de un trato implícito: “Milei termina con los privilegios de casta y, a cambio, aceptamos sus formas”. Fue un mal acuerdo, porque eso no sucedió, al menos la mayoría así lo percibe, porque la corrupción no desapareció y, en algunos casos, hubo continuidad y los libertarios solo tomaron la posta para seguir la carrera. No solo hay corrupción y arbitrariedad en el manejo del poder, sino también hay privilegios de “casta”, los mismos que Milei vino a terminar. Contó Iván Ruíz, en una excelente nota en LA NACION la semana pasada, que éste fue el séptimo viaje a España de Milei, y sumando todos los días que pasó allí, 15 en total, aún el Presidente “no conoce La Moncloa, el Congreso ni el Palacio Real. Siempre visitó esta capital para eventos privados o proselitistas, recibir premios desconocidos, dar conferencias o participar en eventos de economía. La dinámica se repitió en sus siete viajes a esta capital: llega a bordo del Tango 01 y se hospeda en el hotel Hyatt Regency Hesperia junto a una comitiva integrada por distintos ministros, pero también por decenas de colaboradores, como su documentalista, su fotógrafa, el equipo de Ceremonial y la seguridad de Casa Militar”, detalló. Todo eso, al no existir agenda oficial, se convierte en visitas personales o de “campaña” para apoyar a amigos, que para colmo hoy lo ignoran, por eso de visualizarlo como “un activo tóxico”. Es hora de preguntarnos por qué ese costo -se calcula que solo en viajes a España lleva gastados más de tres millones de dólares- lo tienen que pagar los argentinos con sus impuestos. En este último viaje insultó a periodistas de Clarín, de medios españoles, como a la colega de la Cadena SER de España, al presidente Sánchez y hasta se regocijó también señalando que “no hay nada más divertido que patear culos zurdos” durante su videollamada con Santiago Abascal. Algunos historiadores, apegados a las anécdotas y costumbres de época, dicen que pudo ser una casualidad, pero quien repetía ese deseo de “patear traseros de izquierdistas” (no utilizaba el término zurdo) era José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española.

En definitiva, este viaje costó cerca de 500 mil dólares, no trajo ninguna inversión, no se firmó ningún acuerdo, no se presentó ningún programa de inversiones; se recibió un premio ignoto -otro más de los 35 acrílicos que ya suma en su vitrina donde se destacan el de Embajador Internacional de la Luz y el Titán de la Reforma Económica, entregados por única vez, y solo para la ocasión, como otros similares- y solo fue a “trabajar de Milei”, y eso sí lo hizo bien, pero nos salió caro: en Madrid profirió 8 insultos en público, a un costo promedio de 65 mil dólares cada uno. Porque eso es lo único que dejó y se recordará de su última estadía en España, donde vivió de los privilegios que solo tiene el poder político, la llamada casta, que no redundaron en nada positivo para el país. Algo parecido hizo en sus 18 viajes a EEUU, el país que más visitó, sobre un total de 48 viajes al exterior, es decir que Milei pasó 145 días en el extranjero, el 14% del tiempo de su gestión estuvo viajando.

También tuvo su fin de semana de derrota, que Milei aprovechó para terminar de romper la relación con el Brasil de Lula. Certificó esa fractura con todo lo que se está conociendo con el correr de las horas sobre la colaboración de su gobierno para que el candidato perdedor, Flavio Bolsonaro, huyera hacia los EEUU, utilizando un avión privado de una empresa perteneciente a Sergio Mastropietro, sospechado de estar involucrado en la Causa Andis, según informó la colega Natalia Volosín. Lula, al igual que Pedro Sánchez, fue atacado con vulgaridad por el presidente argentino, que tiene la manía de llamar “dictador y ladrón” a quien no piensa como él, un impulso bastante enemistado con la prédica liberal. Lo llamó también “basura calva”, sin reparar en que Lula perdió su cabello producto de las consecuencias de un tratamiento de quimioterapia cuando atravesó un cáncer de laringe. Pero el partido terminó, Lula ganó las elecciones y Milei decidió no saludarlo, algo que tuvo consecuencias internas que pueden lacerar su espacio político. Estos días, Milei dejo entrever que no reconocería a Lula presidente y que lo acusaría de fraude, a pesar de que el Partido Liberal de los Bolsonaro ya reconoció la derrota por más de 4 millones de votos. Eso no cayó bien entre los aliados, Mauricio Macri, por ejemplo, tomó distancia rápido y saludó a Lula el lunes bien temprano, se sabe que Patricia Bullrich tampoco está de acuerdo en romper lazos con Brasil y los gobernadores radicales y peronistas que suelen ser mencionados como “aliados” dejaron en claro que no iban a subirse al barco de la locura negacionista.

Fueron días donde la acumulación de errores no forzados de parte de Milei batió récords e hizo colapsar el tablero de la corrección política, elongando sus límites a lugares donde nunca antes habían llegado en democracia. Un punto saliente se vio en los agravios desmedidos a los periodistas en la cena de la sospechada Fundación Faro, donde manifestó su deseo de llevarlos a una hoguera. Algo repudiable pero que ya no debería llamar la atención si viene de parte de Milei. En julio de 2025, nos deseó a todos nosotros la décima plaga, lo hizo mientras invitaba a la sociedad a odiarnos y acompañaba sus posteos en redes sociales con un “PN° 10 (E)” una referencia bíblica a la Plaga número 10 con la que Dios mostró al faraón egipcio su poder destructivo, una punición que incluía también el deseo de muerte para sus primogénitos. Así lo dijo, metafóricamente, porque deseaba para los periodistas el mayor dolor y sufrimiento posible.

Ninguno de los periodistas mencionados se va a sentir amedrentado por las palabras de Milei, todos tienen trayectoria y espaldas para no dejarse intimidar, pero lo más importante, ninguno mintió, solo investigaron y mostraron la marcha del expediente en la causa $LIBRA. Pero el problema ya no es solo el presidente Milei diciendo este tipo de barbaridades, sino también ver a quienes lo aplauden, empresarios, dirigentes políticos, funcionarios, legisladores que ya son parte de ese juego. Ya no alcanza con poner las particulares emociones del presidente Milei como justificación para tolerar un patrón de odio, que ya comienza a derramar un posible contagio, porque su prédica es alimento para los fanáticos, y se sabe que los exaltados, más temprano que tarde, terminan siendo peligrosos. Un aplauso o una carcajada, luego de escuchar sus deseos llenos de ira, no es más que un signo de complicidad. Decir 24 horas después, como lo hizo la senadora Bullrich que “se cruzó un límite” ya no alcanza. Nadie la lleva atada al presidente para que también ella cruce esos límites; podría decidir no hacerlo y eso sí sería una demostración cabal de que para ella también los límites ofensivos y violentos no están para ser criticados, sino para no atravesarlos, ni solos ni acompañando a otro.

En la semana más tóxica desde que los libertarios llegaron a la presidencia, la justicia también volvió a dar la nota montando un espejo donde podemos ver cómo nuestra historia se repite. Que en la causa $LIBRA hayan sido sobreseídos los hermanos Milei tan rápido y sin tomar ninguna declaración testimonial, en un cierre relámpago entre el pedido del fiscal y el dictamen del juez de solo horas, que no se haya respondido una pregunta vital para esclarecer el tema “quién le acercó a Milei el código alfanumérico de 43 caracteres donde estaba el contrato de la cripto”, que dejaran sin querellantes particulares a la causa y que se hayan tomado como prueba los informes que hizo el propio Poder Ejecutivo donde deslindaba de responsabilidad al Presidente, nos lleva directamente a recordar el sobreseimiento de Néstor y Cristina Kirchner en 2009, cuando el juez Oyarbide, según relató el contador del matrimonio presidencial Víctor Manzanares, le dio instrucciones sobre cómo debía hacer la pericia de la defensa. Esa pericia que fue utilizada luego por Oyarbide para firmar la declaración de inocencia de los Kirchner. Nadie apeló esa decisión, ni siquiera el fiscal, Eduardo Taiano, casualmente el mismo que llevó la instrucción de la causa $LIBRA y tampoco apeló el reciente sobreseimiento exprés.

En la Argentina de hoy, el “negocio” de los privilegios de casta no terminó, apenas cambió de administración.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/en-su-semana-mas-toxica-milei-asumio-como-el-nuevo-jefe-de-la-vieja-casta-nid29102026/

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