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La vida de Alberdi, en clave dramática sobre las tablas

Fue un niño precoz y brillante, nacido lejos de las ciudades donde se tramaba la liberación de las colonias americanas. Sin fortuna ni ayuda paterna, viajó a la gran urbe y por su talento y tes...

Fue un niño precoz y brillante, nacido lejos de las ciudades donde se tramaba la liberación de las colonias americanas. Sin fortuna ni ayuda paterna, viajó a la gran urbe y por su talento y tesón, consiguió ser ayudante de un hombre poderoso.

Luchó contra los enemigos de su patria como oficial sin formación militar, se educó por su cuenta y concienzudamente, formó parte de la intelectualidad ligada a la nueva nación, se exilió, viajó por Europa, vivió aventuras amorosas y tormentosas amistades y enemistades políticas. Frecuentó a (y debatió con) los grandes hombres de su tiempo.

Publicó los textos fundamentales que llevaron a sentar las bases de la constitución del país que vio nacer. Ocupó importantes cargos oficiales, pero pese a su ambición nunca llegó a la presidencia. Su legado se encuentra más en el reino de las ideas y la formación de una administración pública que a la construcción de un héroe.

A primera vista, su biografía presta poco material para pensar en el protagonista de una comedia musical.

Por supuesto, estoy hablando de Alexander Hamilton, el principal autor de los Papeles federalistas, base de la Constitución de Estados Unidos, cuyo retrato adorna el billete de diez dólares estadounidenses.

Por supuesto, estoy hablando de Juan Bautista Alberdi, autor de las Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, cuyo retrato adorna el billete de 20.000 pesos argentinos.

Obviamente, junto con estos sorprendentes paralelismos, también hubo diferencias entre estos dos forjadores de la institucionalidad de sus países. Alberdi nació en 1810, tres meses después de la formación del primer gobierno patrio y seis años después de la muerte de Hamilton. Perdió a su padre a los 11 años. Vivió más tiempo fuera que dentro del territorio argentino, fue perseguido por la dictadura de Rosas, estudió derecho en tres países distintos y terminó su vida solo y pobre en el exilio francés. La mayoría de sus luchas fueron de papel: en proclamas, libros, cartas y artículos periodísticos influyó en la política de su tiempo, lo cual lo hace un extrañísimo personaje para poner a bailar y cantar en escena.

Si bien Hamilton también fue un intelectual más preocupado porque sus ideas triunfen que por conseguir gloria personal, tuvo una vida más dramática: sus participaciones en las batallas del general Washington fueron más heroicas, sus aventuras extramaritales más escandalosas (fue famosamente chantajeado por el marido de una de sus amantes) y su final fue tremendo: murió en un duelo a pistolas contra un político al que había difamado hasta hacerle perder una elección local.

Pero hasta este siglo, a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido montar una comedia musical alrededor de ninguno de estos adustos pensadores de la economía y la ciencia política. Es como si, apelando a la historia más reciente, se montara un musical sobre Henry Kissinger o Dick Cheney en Broadway, o sobre Domingo Cavallo en la calle Corrientes.

Hay otros personajes sobre los que uno imagina fácilmente un drama representado: Abraham Lincoln, Ronald Reagan, Juan Manuel de Rosas, Juan Domingo Perón o Carlos Menem, por ejemplo.

Pero todo cambió cuando el actor, cantante, compositor y escritor puertorriqueño Lin Manuel Miranda leyó la biografía de Hamilton que escribió el historiador Ron Chernow. Miranda escribió una canción y la representó en la Casa Blanca ante el presidente Obama en 2009. Tuvo tanto éxito que se lanzó a escribir el guion, las letras y la música de una comedia musical que iba a romper las reglas del género y se convertiría en el mayor fenómeno de Broadway en los últimos años.

Miranda mismo produjo, dirigió y protagonizó Hamilton. An American Musical, usando de forma magistral diversos estilos musicales para acercar la historia a nuestro tiempo: las rápidas batallas verbales sobre complejos temas político-económicos están montados como peleas de rap y hip-hop, los momentos más introspectivos como arias de típico “musical”, las efusiones románticas con toques de blues, y las escenas en la corte inglesa se acercan humorísticamente al britpop. El paso de una escena a otra, las coreografías y la forma en que los temas tratados en libros de historia se vuelven vivos y actuales hicieron de Hamilton un fenómeno global.

Una década más tarde, el artista multifacético argentino Pablo Flores Torres se lanzó a hacer su propia comedia musical aggiornando al “Hamilton criollo”, el muy mentado y muy poco estudiado Juan Bautista Alberdi. Su obra, que recorrió varios teatros argentinos y recaló el mes pasado en el Cervantes, cuenta con dirección de Sergio Lombardo y con libreto, música y protagonismo del propio Flores Torres, quien interpreta a un Alberdi muy distinto al que uno se imagina al contemplar la cara tristona y los cachetes magros del retrato en el billete.

El artista argentino no oculta, sino que enfatiza las similitudes con su modelo: en sus redes se alegra de que el elenco de Hamilton los haya felicitado y alentado, y en un momento clave de su Alberdi, el musical, cuando otro personaje le pregunta en qué se inspiró para sus Bases, Juan Bautista entona, con un par de acordes de la obra estadounidense, las palabras “Alexander Hamilton”. En la función que yo vi, ese fue uno de los momentos en que el público aplaudió con ganas.

A lo largo de la obra, que con su intervalo duró casi dos horas, se prodigaron los aplausos en los movidos y variados números de baile, las arias de lucimiento para los muchos actores/cantantes/bailarines, y los creativos cambios de escenario, acompañados por efectivas proyecciones en una pantalla.

Así presentada, la vida de Alberdi se veía mucho más activa y dramática que lo que los libros de historia cuentan. Pero al salir, al menos a mí y mis acompañantes nos quedó la duda de si realmente fue así, incluso con todos los ingredientes hamiltonianos.

Aprecié la propuesta: inspirarse en una excelente obra para replicar la transformación de un personaje conocido pero poco comprendido, y contribuir así a la memoria histórica del país, juntando ritmos urbanos con música folklórica, melodías propias del teatro musical e inclusive el uso de un vals compuesto por el propio Alberdi, el más musical de los próceres argentinos. En su solvencia musical, Flores Torres apela con gracia a otras fuentes: los coros me recordaron a Los miserables, y las peleas políticas a la ópera rock Evita.

También disfruté los números de baile y la armonía de los coros, y me divirtió la inclusión de una docena de personajes históricos, cuyos nombres iban apareciendo en letras grandes sobre la pantalla. Después de todo, Alberdi sí había sido amigo de Juan María Gutiérrez y Miguel Cané, había luchado contra Rosas y se había reconciliado con él en el exilio inglés, había visitado a San Martín en Francia, había promovido los intereses argentinos ante reyes, presidentes y papas.

No me molestaron las coincidencias de estructura y propuesta artística con Hamilton. Pablo Flores Torres sale airoso de su ambicioso proyecto. Pero quien no terminó de convencerme como personaje fue Alberdi. Fue todo un desafío transformar a este intelectual en las sombras en un héroe, y al final quedé con la impresión de que pese a las veces que él mismo canta que el mundo “hablará de nosotros” y que otros lo elevan a los altares de la gloria, los personajes potentes en esta historia son otros.

Rosas es un malvado fascinante; Urquiza y Sarmiento, antagonistas a su medida. Incluso el drama de Camila O’Gorman y su sacerdote, fusilados por el tirano, aunque la amiga Manuelita Rosas implore a su padre perdón, tiene más fuerza que las idas y vueltas y andanzas sexuales del pícaro Alberdi.

Entre estos dramas, Alberdi no brilla como lo hace su modelo norteamericano, pero sí permite al público disfrutar de un espectáculo recomendable que marca un camino que tanto su autor como otros deben recorrer para consolidar el musical histórico argentino.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/la-vida-de-alberdi-en-clave-dramatica-sobre-las-tablas-nid08082026/

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