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Lula lanza su candidatura a la reelección en una campaña marcada por la polarización y las denuncias de injerencia

SAN PABLO.– El presidente de ...

SAN PABLO.– El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue proclamado este domingo candidato del Partido de los Trabajadores (PT) para las elecciones de octubre y buscará un cuarto mandato presidencial en lo que, a sus casi 80 años, probablemente sea su última carrera por el Palacio del Planalto.

Será la séptima vez que dispute la presidencia desde 1989 y lo hará en un escenario marcado por la polarización interna y por una inédita disputa con fuertes componentes internacionales.

Lula enfrentará al senador Flavio Bolsonaro, de 45 años, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años de prisión domiciliaria por el intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022. La campaña comenzó bajo la sombra de Donald Trump, aliado histórico del bolsonarismo, y en medio de acusaciones del oficialismo sobre presuntos intentos de injerencia extranjera.

Durante la convención partidaria en San Pablo, Lula centró su discurso en la defensa de la soberanía brasileña y prometió impulsar la industria de defensa nacional, proteger los minerales estratégicos y reforzar el papel del Estado en sectores considerados clave.

“Vamos a tener que ser mucho más audaces para cambiar muchas cosas en este país”, afirmó. Luego lanzó un mensaje dirigido a las grandes potencias: “Ningún chino, ningún estadounidense, ningún francés tocará nuestros minerales sin respetar la soberanía brasileña”.

Frente a ese escenario, el oficialismo convirtió la defensa de la soberanía nacional en uno de los ejes centrales de la campaña. Edinho Silva, presidente del Partido de los Trabajadores, afirmó durante la convención que “esta elección en Brasil determina el futuro de América Latina” y advirtió sobre el riesgo de interferencias externas.

El vicepresidente Geraldo Alckmin, que volverá a integrar la fórmula con Lula, ironizó sobre las críticas de Trump y Milei al sistema electoral brasileño. “Nuestro sistema de votación electrónica es tan bueno que no le quita votos a argentinos ni estadounidenses”, afirmó.

Dirigentes del PT manifestaron preocupación por eventuales campañas coordinadas desde el exterior mediante redes sociales, uso masivo de bots y desinformación destinada a desacreditar el sistema de voto electrónico, una estrategia que recuerdan a la utilizada durante las elecciones estadounidenses y brasileñas de los últimos años.

El mandatario había endurecido el tono días antes al advertir que “en Brasil no aceptamos que nadie meta la nariz donde no lo llaman”, en una referencia implícita a Trump y a las recientes tensiones diplomáticas con Washington.

La confrontación con Estados Unidos se profundizó después de que la administración republicana anunciara en julio dos nuevas rondas de aranceles sobre productos brasileños, alegando prácticas comerciales desleales. Además, Washington reclasificó a dos organizaciones criminales brasileñas como grupos terroristas, una decisión que especialistas consideran que podría abrir la puerta a nuevas medidas económicas y de seguridad.

Flavio Bolsonaro y el apoyo internacional

Ambas decisiones llegaron después de que Flavio Bolsonaro visitara Washington y mantuviera reuniones en la Casa Blanca y el Departamento de Estado, una secuencia que el oficialismo interpreta como parte de una estrategia de presión internacional contra el gobierno de Lula.

El presidente sostiene que el senador alentó sanciones contra su propio país para perjudicar electoralmente al gobierno. Lo calificó incluso como un “traidor a la patria”, acusación que el candidato conservador rechaza.

La campaña también quedó atravesada por el respaldo explícito que Flavio Bolsonaro recibió de dirigentes extranjeros. Integrantes del gobierno de Trump expresaron públicamente su apoyo al senador, al igual que el presidente argentino, Javier Milei, quien viajó a San Pablo el 25 de julio para participar en la convención del Partido Liberal, donde criticó duramente a Lula y al juez del Supremo Tribunal Federal que encabezó el proceso judicial contra Jair Bolsonaro.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, también envió un mensaje grabado de apoyo al candidato de la derecha.

Brasil negó recientemente las visas a dos funcionarios del Departamento de Estado estadounidense que pretendían visitar el país para discutir cuestiones vinculadas con la integridad electoral. El gobierno brasileño argumentó riesgos de “instrumentalización política”, mientras que Washington negó que ese fuera el objetivo de la misión.

Pese al clima de confrontación, Lula buscó moderar el tono en algunos pasajes de la campaña y afirmó días atrás que no desea tener a Trump como enemigo.

Repunte en las encuestas

En el plano interno, el presidente llega fortalecido respecto de comienzos de año. Tras varios meses de caída en su imagen, las encuestas muestran una recuperación de su popularidad. Según el instituto Datafolha, Lula obtendría el 48% de los votos en una eventual segunda vuelta frente al 43% de Flavio Bolsonaro.

La mejora coincide con una serie de iniciativas económicas impulsadas por el gobierno, entre ellas una reforma del impuesto a la renta que reduce la carga tributaria para los sectores de menores ingresos y un amplio programa de refinanciación y condonación de deudas personales que alcanzó una rápida aceptación popular.

Lula también exhibe como activos un crecimiento económico superior al esperado y niveles históricamente bajos de desempleo.

Sin embargo, el aumento del costo de vida, el deterioro de las cuentas fiscales y la inseguridad continúan entre las principales preocupaciones del electorado.

Precisamente la seguridad pública aparece como uno de los puntos fuertes de la campaña de Bolsonaro. El senador acusa al gobierno de haber perdido el control frente al crimen organizado, que mantiene una fuerte presencia en numerosas ciudades brasileñas.

La corrupción también volvió al centro del debate electoral. Flavio Bolsonaro quedó salpicado por una investigación sobre el presunto financiamiento irregular de una película dedicada a su padre mediante aportes de un banquero acusado de una megafraude financiero.

Del lado oficialista, la Justicia abrió recientemente una investigación sobre Luiz Cláudio Lula da Silva, conocido como “Lulinha”, uno de los hijos del presidente, por presunto tráfico de influencias y corrupción en gestiones realizadas ante el Ministerio de Salud.

El propio Lula también vuelve a enfrentar cuestionamientos por su pasado judicial. El mandatario pasó 580 días preso entre 2018 y 2019 por una condena por corrupción que posteriormente fue anulada por el Supremo Tribunal Federal al considerar que el juez actuó con parcialidad.

Agencias AP, AFP y ANSA

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/lula-lanza-su-candidatura-a-la-reeleccion-en-una-campana-marcada-por-la-polarizacion-y-las-denuncias-nid02082026/

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