Nazarena Vélez: el día que estuvo a punto de morir, la historia de amor en la que nadie creía y cómo aprendió a quererse
Siempre tuvo un espíritu independiente. A los 14 años fue Miss Quilmes y ese título le abrió las puertas de la publicidad y, luego, de la televisión, donde empezó como secretaria de Gerardo S...
Siempre tuvo un espíritu independiente. A los 14 años fue Miss Quilmes y ese título le abrió las puertas de la publicidad y, luego, de la televisión, donde empezó como secretaria de Gerardo Sofovich en La noche del domingo. Desde entonces, Nazarena Vélez no paró de trabajar. Con el tiempo se interesó en la producción y también en la dirección. Este viernes estrenó Un cambio inesperado, obra que tiene funciones viernes y sábados a las 22, en el Teatro Picadilly, junto a su pareja desde hace 8 años, Santiago Caamaño, y Nicolás Maiques. Además, continúa en LAM, por América, dos veces por semana, y todos los días hace streaming en Bondi, junto a su hija Barbie Vélez.
A los 52 años, la actriz se siente plena, enamorada y feliz. Antes tuvo que pasar por algunos amores contrariados, duelos y conflictos personales varios. En una charla íntima con LA NACION, Nazarena habla de todo eso y también cuenta que aprendió a quererse: “Antes me odiaba”, se sincera. Y habla de sus hijos, Barbie, el Chino Agostini y Thiago, y del lindo amor que vive hoy y que la acompaña en la entrevista, que se lleva adelante antes de un ensayo. Además, reflexiona sobre su peor momento, cuando sintió que se moría, y recuerda a su hermana Jazmín, fallecida hace 21 años en un accidente automovilístico.
-Actuás en Un cambio inesperado, que también producís y codirigís junto a Carlos Kaspar. ¿Siempre fuiste autogestiva?
-Me encanta. Hace muchos años que produzco teatro y, en realidad, también dirijo, pero esta es la primera vez que aparezco en títulos. Todo el tiempo estamos creando algo para hacer. Primero, porque nos encanta. Y segundo, porque necesito seguir laburando. Entonces, más allá de la inquietud y de las ganas, también una necesidad económica. Hicimos esta comedia hace siete años y había funcionado muy bien, y nos pareció un buen momento para volver con esta historia de una pareja que se ama, pero tienen distintas formas de ver la vida, de encarar responsabilidades.
View this post on Instagram-¿Y qué sucede entre ellos?
-Una noche tienen una discusión muy fuerte y hasta piensan en separarse. Se dicen cara a cara que uno se ponga el lugar del otro, y como es una noche con una luna muy especial, cuando se levanta al otro día uno está en el cuerpo del otro, con todo lo que eso conlleva. Es una comedia muy dinámica, muy graciosa, romántica, que habla de la empatía, de ponerse realmente en el lugar del otro y entenderlo. Estaremos hasta noviembre en el Picadilly y después nos vamos a hacer temporada en Carlos Paz, con otra comedia que estamos preparando en la que va a estar Barbie, porque me encanta trabajar con mi hija. Lo que no quita que, quizás, también hagamos esta comedia.
-Trabajás con tu pareja, con tu hija y con el marido de tu hija, Lucas Rodríguez... ¿Cómo funciona la familia en ese contexto?
-Espectacular, porque nos respetamos y nos amamos muchísimo, y es más fácil comunicar. Entonces, al haber amor y respeto, todo fluye. Hay confianza también, y podemos escucharnos.
-A veces también es más fácil pelearse porque sabés que después va a estar todo bien…
-Es verdad, al haber confianza puede suceder eso. Pero intentamos tener el filtro también.
-¿Y se llevan el trabajo a casa?
Santiago Caamaño: -Sí, totalmente. No hay forma de que no sea así porque amamos lo que hacemos. Nos gusta actuar, producir, somos apasionados. Nos conocimos arriba de un escenario y ahí seguimos…
Nazarena Vélez: -Es imposible no llevar el trabajo a casa porque buscamos el perfeccionamiento; entonces salimos del ensayo y seguimos hablando de la obra. Y, además, ensayamos mucho en casa… Capaz estamos tirados en la cama y pasamos la letra, o nos probamos ropa. Pero es una pasión y nos gusta, no es un peso.
-Se conocieron el verano de 2019 en Mar del Plata haciendo Verdades mentirosas, y nadie apostaba por esta historia de amor. Sin embargo, ya llevan ocho años juntos…
Vélez: -Tenemos un amor muy lindo, y somos muy compañeros. Y nos gusta lo mismo, que es muy difícil compartir una pasión. Él es un actor muy formado y aprendo mucho. Y él aprende de otras cosas mías, quizá más comerciales. Nos nutrimos un montón.
-¿Cómo fue ensamblar la familia?
Caamaño: -Fue muy fácil. Me la hicieron fácil tanto Naza como el Chino y Barbie. Y Titi era muy chiquito, entonces al comienzo dejé que él se acercara, sin forzar nada. Se fue dando todo muy bien. Soy muy tranquilo, de esperar los momentos. Pero me la re facilitaron todos; muy amorosos. Tenemos un vínculo re lindo. A Barbie la conocí cuando tenía 25, el Chino, 18, y Thiago, 8. Es alucinante porque nunca vi crecer a nadie. Siempre fui el más chico de mi familia. Y ahora veo crecer también a Salvador . Yo, que no quería tener hijos (risas)... Me tocó todo y soy muy feliz.
Vélez: -Santiago es empático y puede entender lo que le pasa al otro. Titi quizá era el más celoso cuando empezamos a salir, porque era el más chiquito. Y él supo esperar y entender. Se ganó el corazón de mis hijos. Y supo ocupar el lugar que tenía que ocupar y no otro. Si bien tienen una relación de paternidad absoluta con mis tres hijos, fundamentalmente con Thiago, Santiago sabe ocupar su lugar. Y se agradece.
-Seguramente fue muy empático también con vos que venías lastimada, Nazarena…
Vélez: -Todo se dio tan naturalmente. Siempre decimos que sentimos que nos conocemos de otras vidas… Porque él entendía absolutamente todo sin tener que poner nada en palabras. Fue tan relajado que me lo hizo fácil. Tengo 52 años, soy abuela, tengo una hija de 32 años, un amor no esperaba. Porque no lo esperaba. Entonces, lo disfruto. Este amor me enseñó que, a veces, me pasaba tres pueblos y me di cuenta que no es necesario ser combativa y pensar que tenés que salir a la guerra. No es tan así. Empecé a los 14 años en este medio, sin nadie que me guiara, y fui aprendiendo en el camino, a los golpes.
-¿Qué te llevó a entrar a este medio a los 14 años?
Vélez: -Siempre fui muy independiente. Soy la tercera de seis hermanos y veía que mis viejos se rompían el alma y que nada les era fácil. Nunca me faltó nada y no puedo hablar de una infancia difícil, al contrario, fui muy feliz. Pero era adulta siendo chica. Si quería una bicicleta pensaba en hacer algo para comprármela y no en pedirle a mis viejos porque si no se la iban a pedir mis otros cinco hermanos. Entonces, ya desde chiquitita hacía rifas y le pedía a mi abuela cosas para rifar. Ni bien tuve la oportunidad de empezar a trabajar lo hice, porque quería mi independencia. Me eligieron Miss Quilmes, donde nací y crecí, y me dieron una beca en una agencia de modelos, empecé a hacer castings, y el primero fue con Gerardo Sofovich y me eligieron para ser secretaria de La noche del domingo. Y una cosa fue llevando a la otra.
-¿Te formaste?
Vélez: -Sí, con Norman Briski, Augusto Fernándes. Pero siempre que empezaba me salía trabajo y priorizaba la entrada económica. Mi formación, en realidad, fue arriba del escenario. Tuve la suerte de haber empezado a laburar con Gerardo, de quien aprendí un montón. De hecho, mi parte de productora nació al lado de él. Por ejemplo, estábamos haciendo El champagne las pone mimosas y le decía que vayamos todos al programa de (Marcelo) Tinelli. Él me decía que no podíamos y yo insistía y lo generaba. O a la mesa de Mirtha Legrand. “Bueno, negocialo”, me decía. Entonces yo hablaba con los productores.
-¿Y cuándo empezaste a interesarte por la dirección?
Vélez: -También hace mucho tiempo, porque quería plasmar en el escenario lo que me imaginaba. Aprendí de grandes maestros. En teatro fue Atilio Veronelli, que ha sido muy generoso conmigo y me explicaba un montón de cosas. Lo primero que hicimos con él fue Los Grimaldi, con el Tano Ranni y Georgina Barbarossa. Me apasiona muchísimo más producir y dirigir que actuar.
-¿Te ves en algún momento abajo del escenario?
Vélez: -Sí, totalmente. Pero sé que todavía necesito estar en el escenario.
-Nunca te falta trabajo. También estás en Bondi y en América…
Vélez: -Sí, estoy en el streaming Bondi todos los días a las 15.15 con Storytime, junto a mi hija Barbie y Ale Maglietti, y el año pasado estuvimos nominadas a los Martín Fierro. Y a LAM voy dos veces por semana; es el quinto año que trabajo con Ángel (De Brito). Armamos un hermoso equipo y me siento muy cómoda, aunque pensaba que no.
-¿Por qué pensaste que ibas a sentirte incómoda?
Vélez: -Pensé que no me iba a sentir cómoda opinando de la vida del otro cuando siempre han opinado de mi vida. Es un lugar incómodo, a veces. Entonces trato de ponerme en lugar del otro.
-¿Te ponés límites?
Vélez: -Sí, claro que hay muchos límites. Y fundamentalmente, en mi caso, tengo mucho respeto porque sé que siempre detrás de una noticia hay una familia. Trato de tener mucha empatía porque estuve del otro lado. Y Ángel es muy amoroso, no me pide que me haga la picante, ni que diga nada. Tenemos una libertad muy grande, por eso es el quinto año que estoy aquí. Además, estamos preproduciendo una serie vertical que va a estar muy buena. Tratamos de aggiornarnos y hoy las redes sociales y las series verticales ocupan un lugar que la ficción no tiene.
-Volviendo a la familia, ¿cómo es ser abuela?
Vélez: -Es un amor que no conocía. Pensás que cuando tenés 52 años ya conocés y sabés todo, y pensás ¿qué me van a hablar a mí de amor? Bueno, Salvador llegó a hablarme de amor… De un amor que siento como una bocanada de aire fresco en mi alma. Es ver a Barbie chiquita, con sus rulitos, con sus ojos celestes, y es pícaro como la madre. Me llevó 30 años atrás, pero con un amor distinto porque no es mi responsabilidad. Solo lo disfruto. Me emociona ver crecer a mi nieto.
-Varias veces dijiste que tenés 52 años, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo?
Vélez: -Me siento más joven de lo que mi alma me representa… Porque siento que soy una mina de 70, por todo lo que viví, por todo lo transitado, por haber laburado desde tan chica. Entonces no me pesa la edad, cuando digo que tengo 52. Con los años te vas reconociendo en otro cuerpo y tenés que aceptarte mucho más. Noto los cambios, pero la edad no me pesa en absoluto. Me odié tanto en mi juventud, con discusiones frente al espejo, con la apariencia. Y de grande empecé a quererme y a aceptarme. Estoy en una etapa donde no veo los defectos y, aunque sé que están, no me detengo en eso. Trato de sentirme bien, ir al gimnasio, ser feliz. Pongo el peso en eso cuando antes lo ponía en el espejo. Hoy me doy cuenta que la vida es otra cosa.
-Es muy impresionante escucharte decir que te has odiado tanto…
Vélez: -Las mujeres de nuestra generación nos enseñaron a odiarnos. Teníamos que ser la muñeca Barbie, y no podías salir del estándar. Desde los 14 años sentí una presión muy grande, y era una lucha constante de una perfección inexistente. Nunca trabajé el tema de mi autoestima… Todo el mundo veía una bomba sexual en una tapa de revista y yo me veía el pozo de celulitis. Me odiaba, me daba vergüenza, pero me exponía porque era lo que me redituaba económicamente también.
-¿Hiciste terapia o hubo algún clic que te hizo ver las cosas de una manera diferente?
Vélez: -Cuando estuve a punto de morirme por las anfetaminas… Para mí eso fue un cachetazo.
-¿Estuviste a punto de morirte?
Vélez: -Algunos dicen que no existen los preinfartos, pero fue como un preinfarto, una arritmia muy grande en mi corazón que me dejó inmovilizada en la cama durante un día o más. Fue la época en que estaba haciendo What pass, Carlos Paz, con Moria Casán, en el 2009. Tomaba anfetaminas y me pasé de rosca. Ese día mi maternidad me dio dos cachetazos, porque de verdad siempre lo hice por mis hijos, para que no les faltara nada. Pero me estaba muriendo e iba a dejarlos solos. Ahí empezó a cambiar algo. El proceso fue largo y lo sigue siendo. Lo que pasa es que ahora mi cabeza está enfocada en otras cosas.
-¿Qué mirada tenés sobre la mujer que fuiste en las distintas etapas de tu vida?
Vélez: -Tengo una mirada muy compasiva. De entendimiento. De saber que hice siempre lo que pude, con lo que tuve. Y me abrazo profundamente. Estoy muy orgullosa de la mujer y de la madre que fui, con todo lo que me ha pasado en la vida, que muchas veces no está en tus manos, sino en las de Dios. Así que tengo una mirada de mucho cariño y de mucho respeto.
-¿Sos creyente?
Vélez: -Soy creyente. Creo en Dios, creo en la Virgen, creo en los santos, creo en las energías. Sumamente creyente. No es solo lo que vemos, sino ¿nunca más voy a ver a mi hermana Jazmín?