Santa Cruz del Islote, la isla más sobrepoblada del mundo, está en Sudamérica: 800 personas viven en 0,01 km² y reciben 500 turistas cada día
En pleno Caribe de Colombia, a unas dos horas de viaje en barco desde la ciudad de Cartagena de Indias o a una hora desde Tolú, se encuentra Santa Cruz del Islote. Esta masa de tierra artificial d...
En pleno Caribe de Colombia, a unas dos horas de viaje en barco desde la ciudad de Cartagena de Indias o a una hora desde Tolú, se encuentra Santa Cruz del Islote. Esta masa de tierra artificial de poco más de una hectárea (0,01 km²) de extensión es considerada la isla más densamente poblada del mundo, un rincón donde conviven alrededor de 800 personas en medio de aguas cristalinas y complejas carencias de servicios básicos.
No existe una estadística internacional que lo corrobore ni ningún récord Guinness que lo acredite. Sin embargo, su reputación es conocida en el mundo y atrae gran cantidad de turistas.
Un paraíso sin playaLos orígenes de este asentamiento marino se remontan a finales del siglo XIX, cuando un grupo de pescadores locales decidió fijar su residencia sobre un arrecife de coral. Utilizando piedras, escombros y diversos materiales, ganaron terreno al mar progresivamente para levantar sus primeras viviendas. Desde aquel entonces, la comunidad no paró de crecer, generación tras generación. El islote forma parte del Archipiélago de San Bernardo, un conjunto de diez islas en el Caribe colombiano que destaca por sus aguas cristalinas.
La vida en la isla más densamente poblada del mundo transcurre a un ritmo muy particular. Pese a estar ubicada sobre uno de los mares más atractivos, no tiene playas. Como tampoco tiene tierra fértil ni cuenta con agua dulce, prácticamente no hay vegetación. Solo un puñado de árboles y algunas macetas en casas de vecinos. Una ventaja: no hay mosquitos.
El territorio está cruzado por cuatro calles principales abarrotadas de viviendas y rodeadas por botes anclados a sus orillas. No circulan autos ni motos.
146 familias residen en el lugar, el 60 por ciento de los pobladores son niños y adolescentes que pasan sus días entre la pesca, el boxeo, el fútbol y el nado en el mar.
El apellido más común es Morelo. Son descendiente de Miguel Felipe Morelo, un vecino que tuvo 23 hijos con cuatro mujeres de la isla y dejó 130 nietos.
El turismo está cobrando un rol cada vez más protagónico en la economía de Santa Cruz del Islote, aunque su principal sustento sigue siendo la pesca. Cada día desembarcan 500 turistas, pese a que la isla cuenta con escasos servicios: cuatro modestos hostales que suman apenas veinte camas.
La vista guiada es breve, dura 25 minutos, repasa la historia del lugar y cuesta poco más de dos dólares. Lo recaudado, dicen, se destina al cuidado del medio ambiente.
El islote, que nació construido con piedra, escombros y basura, ganando terreno al mar, hoy tiene 146 casas. Los vecinos cuentan con cuatro almacenes para abastecerse, un centro de salud, una iglesia y una escuela de tres pisos (es el edificio más alto del islote) que en 2024 recibía a 226 niños en dos turnos. No hay policías. “Tuvimos un inspector, pero tomó el cargo, se fue y no volvió más”, explicó a El País Gleisis Liliana Barboza, una de los 24 guías locales organizados en una cooperativa.
La falta de espacio es un problema. Pero los chicos se las arreglan para jugar al fútbol en la calle principal, de 15 x 6 metros, que hace también de plaza central. Y los más grandes suelen reunirse en “la gallera”, un tinglado donde se libran las riñas de gallos. Ahí sí, corren las apuestas.
Tampoco hay cementerio: a los muertos se los lleva en procesión por las calles del pueblo y luego se los embarca rumbo a Tintipán, la isla más cercana, que tiene una superficie de 80 hectáreas.
La propuesta turística se basa en tres pilares. Primero, pisar el islote más densamente poblado del mundo, decir “estuve allí” y subir la foto a Instagram ú otra red social. Segundo, la vista a un simpático acuario donde los visitantes tienen la oportunidad de bañarse con un inofensivo tiburón, observar tortugas de carey gigantes, decenas de manta rayas y peces grandes. Tercero, la práctica del esnórquel nocturno que permite apreciar el plancton luminoso.
La subsistencia diaria implica constantes desafíos para los isleños, según el mismo medio. La escasez de recursos vitales es la principal preocupación de sus residentes.
Para abastecerse de agua potable, la población recurre a una cisterna comunitaria y a la recolección de agua de lluvia en bidones. Cuando el suministro se agota, deben solicitar ayuda a Cartagena de Indias para que un buque de la Armada traslade el líquido, una travesía que puede demorar hasta tres días.
En cuanto a la energía eléctrica, el suministro proviene de una planta a combustible durante las horas de la noche y de paneles solares donados por el gobierno de Japón que otorgan cuatro horas de servicio por la tarde.
Otro obstáculo que tiene la isla es la gestión de residuos, que se ha convertido en un problema más recurrente con el crecimiento del turismo. Ante ello, los isleños han comenzado a adoptar medidas como empezar a reciclar.
por El País