Un testigo complicó al exministro Ricardo Jaime en el juicio de los Cuadernos de las Coimas
“Estaba vestido más o menos. Pantalón de un color, el saco de otro. Había venido de Córdoba, creo que en micro. Parecía humilde”. Esa fue la primera imagen que un exfuncionario del Ministe...
“Estaba vestido más o menos. Pantalón de un color, el saco de otro. Había venido de Córdoba, creo que en micro. Parecía humilde”. Esa fue la primera imagen que un exfuncionario del Ministerio de Transporte se hizo de Ricardo Jaime cuando lo conoció en 2003, al inicio del gobierno de Néstor Kirchner.
“Fue notorio el cambio. De vestirse más o menos a aparecer con trajes de lujo”, siguió el testigo, que en el organigrama estatal respondía a Jaime. Ante los jueces del Tribunal Oral Federal N°2, el hombre contó que su exjefe pasó de dejarse invitar los almuerzos a ganarse entre sus empleados el apodo de “el señor de los anillos”, por estar “lleno de colgantes y oro”.
Quien recuerda de ese modo a Jaime es Ricardo Alberto Cirielli, dirigente histórico de la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA) y exfuncionario del área de Transporte durante el gobierno de Néstor Kirchner.
En el tramo más relevante de su testimonio, pedido por la fiscal Fabiana León, hizo referencia a una secuencia que, según contó, se repetía aproximadamente cada 15 días: la puerta de uno de los ascensores del Ministerio se trababa, Jaime ingresaba con un bolso en la mano e iba a ver al “malo”, según relataba cuando se le preguntaba a dónde iba.
“Era un bolso de cuero, de 70 u 80 centímetros. Pesado. Se notaba cuando lo apoyaba en el ascensor. Expedientes no creo que llevara, capaz que sí”, dijo Cirielli, un gremialista que fue ladero de Luis Barrionuevo y Hugo Moyano, y crítico de los Kirchner a pesar de haber sido funcionario entre 2003 y 2007, a cargo de una subsecretaría.
El testigo también recordó que la secretaria privada de Jaime le confió en una oportunidad estar “preocupada” porque su jefe la mandaba al banco con un bolso cargado de billetes de baja denominación para cambiarlos por billetes grandes.
“Era un tipo bastante maltratador”, sostuvo Cirielli. Relató la historia de un mozo de nacionalidad peruana que tenía prohibido atender a Jaime por ser “morocho”. “Tenía esas cosas, Jaime”, dijo.
“Los trabajadores se quejaban porque los trataba mal. Por eso, cuando empezó a tener menos poder, los mismos empleados empezaron a contar las cosas que él hacía”, explicó.
Entre ellas mencionó la compra de un yate, a partir de lo que le había relatado una persona que trabajaba a su cargo y que habría hecho el trámite para importar uno de los motores.
La relación de Cirielli con Jaime se quebró cuando al Ministerio llegó una nota anónima que apuntaba contra el entonces secretario por un supuesto pedido de coimas. Por recomendación de alguien del área de legales, Cirielli denunció el hecho ante la SIGEN y la Oficina Anticorrupción, relató.
Entendió que su ciclo en el kirchnerismo estaba terminado cuando, al término del mandato de Néstor Kirchner, Jaime le cambió la cerradura de su despacho. “Yo me voy y queda Jaime. El tránsfuga de Jaime”, recordó.
Jaime acumula condenas en seis causas. En una de ellas, que fue por enriquecimiento ilícito, se secuestró un yate valuado valuado en un 1 millón de dólares, a nombre de una sociedad radicada en Dellaware, Dalia Ventures LL. La embarcación fue recuperada y quedó finalmente en manos de Prefectura.
En el juicio Cuadernos, la acusación contra el exfuncionario es por haber sido una pieza central de la recaudación en el ámbito de su competencia: transporte.
Entre otros señalamientos, la fiscalía le atribuye haber recibido de un empresario entregas anuales de 500.000 dólares en efectivo para garantizar que la firma Hidrovía S.A. mantuviera la concesión de obra pública por peaje.
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