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“Estoy viejito, pero todavía me la aguanto”: Julio César Falcioni bajó a tres gigantes y regala una lección de vida

Julio César Falcioni no lo podía creer: se habían dispuesto jugar seis minutos más en la fría noche del Cilindro, en donde Atlético Tucumán resistía los embates de un atribulado Racing. El ...

Julio César Falcioni no lo podía creer: se habían dispuesto jugar seis minutos más en la fría noche del Cilindro, en donde Atlético Tucumán resistía los embates de un atribulado Racing. El partido estaba 1-1, luego de una primera mitad de colección del conjunto tucumano, a años luz del supuesto “antifútbol” con el que fue etiquetado en otra era.

Nicolás Laméndola tiraba magia, Franco Nicola jugaba a la pelota y Lautaro Godoy se mostraba en la gran vidriera de nuestro fútbol. Un golazo, un penal atajado por Facundo Cambeses al Loco Díaz y otros 12 remates en 90 minutos. El Emperador no podía con su genio: creía que los seis minutos eran un exceso.

Hasta que Gabriel Compagnucci tiró un centro y Ramiro Ruiz Rodríguez definió debajo del arco, cómplices de una defensa ingenua. El volante y el delantero habían entrado un rato antes, una doble decisión de Pelusa, que al final le ganó a Racing en el Cilindro, un 2 a 1 que debió ser más amplio. El 12 de agosto, goleó a Independiente por 4 a 0 y lo dejó afuera de los octavos de final de la Copa Argentina. Y el 3 de mayo se impuso sobre el River de Chacho Coudet por 1 a 0, en el Monumental. Barrió a tres grandes. Este sábado, recibe al conjunto millonario, ahora con Leonardo Ponzio, algo renovado y ganador.

Es el patriarca del fútbol argentino. A los 70 años, representa no sólo su vigencia en el medio, sino que lanza un mensaje que excede la pelota. La pasión, ni más ni menos. Superó una dura enfermedad, dolores familiares y su voz pende de un hilo. Y sin embargo, ahí está: de jogging en los entrenamientos y de gala en los partidos. Y desprecia la teoría de que algunos de sus jugadores podrían ser sus nietos, aunque nunca le agradaron los intérpretes juveniles.

Su historia es conocida. La de guantes y pantalones cortos, y hasta los triunfos burocráticos y vueltas olímpicas desprovistas de belleza para el gran público. Su amor por Banfield, su respeto por Independiente y hasta un viejo encono con Juan Román Riquelme: todo aquello está guardado en la memoria. Esta historia es más reciente: el DT asumió en el Decano el 4 de marzo pasado.

Acompañado por Néstor Omar Piccoli -un viejo ladero- y Leandro Somoza como ayudantes de campo. Atlético Tucumán había perdido el colmillo, las hazañas en la Copa Libertadores parecían de otra vida. Y el hombre había estado un año y medio sin dirigir, cuando más de uno lo quería del otro lado del escritorio.

El 22 de agosto pasado, luego de un 0 a 0 con Instituto, expuso como nunca antes en esta temporada, su mirada sobre el equipo, el fútbol y la vida. El año próximo cumplirá tres décadas al frente de un plantel, cuando asumió en su querido Vélez. Fiel a su estilo combativo contra los ideales románticos, dejó algunas frases de antología.

“Tenemos una forma de jugar que quizás a algunos no les gusta, y es totalmente aceptable, pero nos da buenos movimientos y, durante muchos momentos, buena tenencia de pelota. Cuando no la tenemos, nos permite cerrar espacios y evitar que el rival sea profundo”, advierte. Y amplía el análisis, que lleva más décadas que su pizarrón. “El fútbol es defender y atacar. Es estar ordenado y equilibrado. A veces, por estar ordenado y equilibrado, te dicen que sos defensivo. Lo vivo desde hace 25 años y no me molesta, no me afecta para nada”, sostiene, tantas veces a la defensiva, pero con el orgullo del trabajo colectivo.

Gana más de visitante, juega mejor fuera de casa. “Estamos haciendo la media inglesa... al revés: ganamos de visitante y no ganamos de local”, sostuvo, con una sonrisa. Un cronista le consultó, aquella misma tarde, por el desempeño de Andrés Merlos, el árbitro. Al parecer, el DT no se tomó con humor ciertas determinaciones desde el ámbito de la Justicia. Allí potenció su mirada: “¿Nunca me viste enojado a mí? Mejor que no. No te pongas adelante cuando estoy enojado, por favor. Estoy viejito, pero todavía me la aguanto”. Ahora sí, se ríe.

La edad, en nuestro medio, es todo un tema. No ocurre en el Brasileirão, por ejemplo. Tampoco en las principales ligas del mundo. Aquí, que un entrenador se siente en el banco de suplentes a los 70 provoca asombro. “Trabajar es una forma de estar vivo”, expuso, en una reciente entrevista.

Julio César no pierde el ingenio. Cuando semanas atrás estuvo a punto de perder a Laméndola rumbo a Newell’s, se lo tomó con humor: “Si me decís que ofrecen cinco millones de dólares, lo llevo yo hasta el aeropuerto...”.

Y agregó: “Al club le daban una plata que no era importante. Podías pagar un mes de sueldo... La negociación no iba a solucionarle demasiados problemas al club. Después teníamos que salir a buscar otro jugador y reinvertir ese dinero”.

Acabada la función en Avellaneda, se sienta en la sala de conferencias y saca pecho. El asombro por el descuento queda para otra ocasión. “En esta parte del semestre dejamos de ser sorpresa y somos una buena y linda realidad. Hicimos un partido inteligente ante un rival complicado. Somos un equipo prolijo, ágil y rápido. Este triunfo es para entrar en los ocho, es una meta y ojalá la podamos conseguir”, asume.

Y ahora, vuelve a encontrarse con River, un rival al que suele castigar. Y la rueda gira, sin parar. “Ahora se le ocurrió hacer tres goles por partido”, bromea el técnico, en referencia al conjunto millonario. “Sabemos que tenemos una semana muy movida. El sábado vamos a jugar contra uno de los equipos que tiene los mejores jugadores del fútbol argentino. Desgraciadamente, se despertaron ahora. Tenemos que jugar por los cuartos de Copa Argentina y luego viajar a Mar del Plata para jugar con Aldosivi. Si salimos bien parados, podemos ver el futuro con otra visión, con mayor tranquilidad. No mirar tanto para atrás y poder pensar en algo importante para Atlético”, avisa el Patriarca, que nunca abandonó el cigarrillo. Y hasta fuma “a escondidas” en algunos partidos.

¡Que sufrimiento, Emperador! ¡Finalmente no hay penal para Huracán, Atlético Tucumán sigue empatando 0-0 en el Ducó y Falcioni se puede relajar!

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— SportsCenter (@SC_ESPN) August 4, 2026

Su primera vez como entrenador fue hace 29 años y como interino, en la primera fecha del Apertura 1997, un 1-1 con Racing en Avellaneda, en reemplazo de Osvaldo Piazza y mientras se cerraba el acuerdo para el arribo de Marcelo Bielsa, que vivió el partido en una platea. Fue el 24 de agosto, con goles de José Luis Chilavert, de penal y Claudio Ubeda.

Coco Basile dirigía a la Academia, Javier Castrilli fue el árbitro y la primera formación del Emperador fue con José Luis Chilavert; Flavio Zandoná, Víctor Hugo Sotomayor, Mauricio Pellegrino y Raúl Cardozo; Christian Bassedas, Claudio Husain, Marcelo Gómez y Patricio Camps; Martín Posse y Darío Husain.

Otros tiempos... aunque para Falcioni seguramente haya sido ayer.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/estoy-viejito-pero-todavia-me-la-aguanto-julio-cesar-falcioni-bajo-a-tres-gigantes-y-regala-una-nid07092026/

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