Maxi Trusso, de su impactante caída a su “resurrección”: las pérdidas familiares, la polémica con Lali y su cruce con la política
El jueves 27 de marzo de 2025, Maxi Trusso subió al escenario de Niceto, en lo que debía ser una gran noche triunfal. Con la sala llena y el show ya en marcha, el vocalista tenía todo a disposic...
El jueves 27 de marzo de 2025, Maxi Trusso subió al escenario de Niceto, en lo que debía ser una gran noche triunfal. Con la sala llena y el show ya en marcha, el vocalista tenía todo a disposición para que el saldo de la velada fuera más que positivo, pero todo cambió de un minuto a otro, cuando decidió tomar carrera y saltó en dirección al público que, lejos de atajarlo y alzarlo sobre sus cabezas, se corrió e hizo que impactara directo contra el piso. Haciendo gala de la máxima que asegura que el show siempre debe continuar, Trusso fue trasladado al backstage, desde donde siguió cantando con un micrófono inalámbrico hasta que fue derivado al Hospital Fernández. Como consecuencia de esa caída, sufrió una fractura de fémur en su pierna derecha. Y aunque tras someterse a una intervención quirúrgica y hacer rehabilitación pudo finalmente completar su show en la misma sala cuatro meses más tarde, Trusso parecía sentir la necesidad de barajar y dar de nuevo en algunas cuestiones.
Resurrección. Esa es la palabra con la que el músico y productor eligió bautizar al concierto con el que volverá a los escenarios después de un largo tiempo, y que asegura que está lejos de ser solo un eslogan marketinero. “Siento que hay un renacer nuevo en el mundo, un renacimiento en general. Entonces sentí que yo también estaba en eso. Viví un periodo tal vez medio lúgubre, entonces este sería como un renacimiento”, dice a LA NACION sobre el show que realizará en el teatro Vorterix, mañana, 4 de septiembre. Y este resurgir vendrá también de la mano de un disco nuevo, que comenzará a asomarse dentro de poco.
Con la anécdota de Niceto de nuevo sobre la mesa, Trusso asegura que en ese salto hubo bastante más que un guiño a la cultura rockera, sino también un acto simbólico: “No fue solo un gesto de tirarme a hacer mosh. Era una cantidad de cosas: un cierto cansancio, un peso en la espalda, un luto… Representó mucho para mí. A veces todas las personas necesitamos de estos momentos y de una buena excusa”.
—¿Y qué es lo que te sacaste de encima en ese acto?
—Parte de un pasado negativo. Habían muerto un hermano mío y mi madre; me había separado y estaba pasando momentos difíciles, que fueron creativamente muy potentes, pero personalmente estaba muy herido. Igual yo soy medio como un animal también; vivo la vida como si fuera un perro; no pienso excesivamente las cosas. Pienso mucho lo que tiene que ver con la música; el resto de las cosas no tanto.
—¿De ahí salió el impulso de grabar un disco nuevo?
—Sí, grabo y compongo todo el tiempo. No es que lo dejé de hacer, pero es cierto que edité cosas que por ahí casi no se han difundido. En el último tiempo saqué tres discos: uno que se llama Volver, otro The Secret of God, que es una mezcla de covers y versiones especiales, y otro que es un disco de rock, pero no me importó mucho difundirlos. A veces alguno en Instagram me dice: “Tenés que sacar un tema promocional”, y yo prefiero que lo descubran cuando tengan que descubrirlo.
—¿Y cómo se encaró este regreso?
—Estuve en una discográfica editando algunos singles también hace poco; grabamos cuatro singles. Y estas son las etapas en las que estoy ahora. Y me encontré con Cristian, que era mi manager cuando empecé a hacer dance pop o dance music. Le conté en qué estaba y le dije que me gustaría que me acompañase para poder ver cuán lejos podía llegar con este proyecto nuevo. Quiero que de esto salga un disco y se arme un vivo importante.
—Si bien gran parte del público te conoció a partir de “Please Me”, tu colaboración con Poncho, tu carrera musical empezó bastante antes...
—Viví mucho tiempo en Italia y después empecé a conocer a varios músicos acá. Conocí a los chicos de Babasónicos y a muchos otros que me ayudaron, como uno que se llamaba Gori (ex Fun People y líder de Fantasmagoria) y a Diego Billordo. A través de ellos, llegué a Fernando Nalé, que tocaba en Los Látigos y también con Gustavo Cerati. Él me presentó a Gonzalo Córdoba y juntos grabamos tres temas que nunca salieron; eso habrá sido en 2001. Después, cada uno siguió su rumbo, pero me acordaba de que ese proyecto había quedado como inconcluso, así que a través de él pude armar mi banda nueva. Es un grupo que mezcla un poco post-rock, krautrock y toda la música que he escuchado de los 80 y algo de los 60 también.
Por el camino de la música—Tus comienzos fueron por el circuito del indie, ¿de qué manera pasaste a ser más cercano al mainstream?
—La música me fue llevando y está bueno poder vivir de la música. Se sentía que lo que venía era el EDM , que la música pop iba a pasar por la discoteca. Antes se escuchaba música disco o house, pero no sonaba el pop en los boliches; entonces el EDM logró eso y yo dije: “Bueno, voy a ver”. Como a mí me gusta la música de discoteca, quería hacer una música así, pero que tuviera una estructura de canción pop. Entonces por ahí con “Please Me” con Poncho, que los conocí a través de Banda de Turistas, se fue dando eso. Después hice “Same Old Story” y fui grabando otras más, como “Nothing at All”. También esa etapa fue cambiando, porque nadie sabe para qué lado va. No hay forma de saberlo. Se notaba que la música en español estaba llegando más fuerte. Me acuerdo del año 2018, ya estaba apareciendo un poco lo “urbano”, ese género que mezclaba un poquito del trap con reggaetón, si bien yo no quería hacer eso, se sentía que las producciones, hasta las de rock, tenían algo de ese audio.
—Toda tu obra está en inglés, ¿qué te da ese idioma que no encontrás en el español?
—Hice algunas cosas en español, pero el asunto es que cuando yo era chico en la Argentina se escuchaba mucha música en inglés, diría que el 90 por ciento. Recién a partir del 82 empezó a cambiar eso un poco, pero cuando vos sos chico y prendías la radio o la televisión, no había otra cosa. Había diez temas en inglés y uno en castellano. Entonces, seguí escuchando música en inglés por mi familia, por mis amigos, por todo. Cuando conseguí el disco de Charly García, Yendo de la cama al living, que fue el primero que compré en español, ya había escuchado bastante en inglés. Y después de ahí me fui a Italia, trabajé en Inglaterra y ahí ya estaba cantando en inglés. Me parecía muy chanta pararme acá a cantar en español solo por estar en la Argentina, no lo sentía.
—¿No temías que eso fuera una barrera con el público?
—Sentí que esa barrera estaba más que nada con las discográficas; les parecía muy raro eso y no les gustaba. Decían: “No, no va a pasar, no va a funcionar”. Y finalmente anduvo. Bueno, yo también fui muy testarudo, no me quería correr, pero no por un tema de terquedad, sino porque sentía que le estaba mintiendo a la gente y a mí mismo. Dije: “Yo si canto en español, soy un chanta”, no me daba. Hasta mi familia me decía que cantara en español, pero yo me opuse. Empecé con esto y voy a seguir, no lo voy a cambiar.
“Es raro que esto pegue”—Antes habías mencionado cuándo conociste a Poncho. Al momento en que hiciste esa colaboración, ¿sentías que eso era algo que iba a terminar estallando?
—No, la verdad que no. De hecho, me acuerdo de que lo hice porque yo había cantado primero un tema que lo terminó cantando Spinetta (se refiere a “Tantra Sky”, el tema que cierra Ponchototal). “Please Me” tuvo éxito dos años después. Pensé que la verdad era una buena canción, me gustaba la producción, pero en ese momento yo estaba grabando mi disco Love Gone, estaba aprendiendo lo que era estar en la Argentina haciendo música, y me gustaba el tema pero lo sentía un poco oscuro como para que explotara. Y aparte también vi que el modo en que lo movía la discográfica... algo no cerraba. Y bueno, finalmente esa publicidad en la que sonaba le dio el golpe justo. Encima en esos años, justo cuando salió “Please Me”, no es que el EDM estaba a pleno, David Guetta o Avicii no eran el fenómeno que terminaron siendo. Se escuchaba a The Killers, que eran más pop rock, o cosas como Adele, entonces me dije: “Es raro que esto pegue hoy cuando en el mundo está sonando otra cosa”.
—Antes mencionabas la aparición del género urbano como tendencia y de la avanzada del pop. En su momento causaste bastante revuelo con tus declaraciones…
—Dije una vez algo, pero las cosas cambiaron y ya no me importa, no me preocupa eso. En un momento dije que no sé por qué sentía que Lali estaba haciendo un género que no estaba bueno para ella, dije algo así, nada más. Fue muy sutil; después, con las cosas que se dicen por medio de otros influencers, pareció muy grande, pero si volvés a verlo, la cosa es muy sutil, es muy chiquito. Igual me gustaba la idea de que se aportara algo a esa discusión, lo que pasa es que no la pude profundizar porque no me daban cabida para hacerlo.
—En esa misma entrevista también criticaste a la cultura del feat...
—Sí, todo tiene que tener siempre valor. Bueno, yo me acuerdo de que en un tema lo puse como “Maxi Trusso feat. Maxi Trusso” como un chiste. Era una burla a un gran negocio de cómo se conseguían los feats, una cosa en la que era de verdad imposible meterse y dije: “Acá ni me meto porque no entiendo nada”. Y apenas hablé un poquito, sentí que nos tapaba todo y decidí no hacerlo más porque es un mundo que no me pertenece tampoco. Yo creo que algunos también tenemos un poco la visión de ver un poquito lo que va a pasar, a veces. Entonces sentí que eso no tenía que ver con la música que yo había vivido antes.
“Un momento estúpido”—Para esa época lanzaste una canción llamada “Yoreley Milei”, un tema pop con canto tirolés que pareciera elogiar a la figura del presidente...
—Es lo mismo que te decía antes, uno tiene la sensibilidad de ver lo que puede pasar. Entonces noté que todo el mundo se había convertido en una cuestión de chistes para las redes sociales, y entonces es como el resumen de este momento estúpido que estamos viviendo.
—¿Decís que es una canción sin connotación política?
—Es que no pienso las cosas así porque lamentablemente no las pienso. Si lo hago, me siento mal. No busqué ni llegarle a Milei ni a los que lo odian, ni llegarle a ninguno, porque no era esa la intención; era una espontaneidad. Tampoco quería agredir a nadie... Creo que representa lo que estuvimos viviendo en ese tiempo. Todavía lo estamos viviendo, pero creo que vamos a salir de esa confusión, de ese arte y política todo mezclado, ¿viste? Todavía sigue un poco ahí. Estaría bueno volver a que nadie sepa quién es el presidente de un país, a que un chico de 5 años no sepa quiénes son los ministros. Eso no tiene sentido; nadie gana ahí; todos sufren.
—Para esa misma época hiciste una suerte de colaboración póstuma con Ricardo Iorio, una combinación un tanto difícil de imaginar.
—Sí, es un tema que se llama “Shadows of Life - Melodía morfina”. A Ricardo lo conocí porque me lo presentó uno que trabajaba en Warner, que no sé si había tocado el bajo con él. Habíamos quedado en hacer algo, pero se murió; entonces esta persona me consiguió algo que había grabado él junto a Ricardo y pude hacer un mashup entre su tema y el mío.
—¿Cómo pensás que hubiera reaccionado la comunidad rockera si publicaban algo juntos?
—La verdad es que no lo sé; es imposible. Yo lo conocí hace tiempo, en el 2005 o 2006, y su vida era un poco complicada en esos momentos. Se estaba ocupando de su hija y me contó la historia de su mujer; era alguien que la estaba peleando y no le daban mucha bola en ese momento. Pude ver que le gustaba otra música: se ponía a cantar temas de Dyango y también de Demis Roussos porque le conté que yo lo había conocido. Sabía mucho de música; era muy afinado cantando; me sorprendió eso. Creo que fue el mejor cantante de rock que tuvo la Argentina. Me acuerdo de escuchar un tema que me impresionó mucho por una frase que dice “Solitaria resistencia” y pensé: “Esto me lo tengo que tatuar (se refiere al tema “Allá en Tilcara”).
—¿Y te hiciste el tatuaje?
—No, con esa frase no, porque me empecé a tatuar cuando tenía 50 años.
—¿En serio? ¿Todos estos tatuajes te los hiciste de grande?
—Todos. Creo que no es mala esa de tatuarse de grande porque te tatuás lo que viviste, así que eso lo podría hacer. Tengo uno de los Moody Blues porque me gustaban mucho de chico. También tengo uno de una película de Jim Jarmusch con Johnny Depp, Dead Man, cuya música es de Neil Young. Después en un momento me obsesioné con la historia de Pinocho, la versión original... Y cuando viví en Roma era en un lugar donde había estado Napoleón, y estaba lleno de cosas suyas, así que me lo tatué, porque era algo que había vivido.
—Estás haciendo el mapa de tu vida.
—Claro. Después estuve en Marruecos y conocí a unos sufíes... es como que vas contando tus experiencias, me dan ese estímulo para acordarme de las cosas que fueron pasando. Lo último que me tatué fue dos días antes de la pandemia. Me hice un caballero del Santo Sepulcro, un templario con una flecha, porque me gustó esa imagen. La había visto en Roma y siempre me llamó la atención esa pintura, entonces me la tatué. Lo loco es que el mundo después fue pirando para ese lado y estamos pasando por un periodo medieval.
—¿Sos de ir a shows?
—A veces voy, pero no muchísimo, la verdad, me intimidan. Soy medio tímido, entonces cuando hay mucha gente...
—Te subís a un escenario a cantar y te paseás por la ciudad con una galera y un tapado con imágenes tuyas. Cuesta entender ese temor.
—Puede ser, pero es que tengo una vida medio lúgubre, pero hago una música con una espiritualidad alegre. No es que soy fóbico, soy tímido. Cuando veo mucha gente, me da vergüenza ir a discotecas, a boliches, a fiestas. No tenía desenvoltura para eso cuando era joven; después me fui acomodando; no me llamaba la atención ir a la discoteca. Siempre me gustó la música y después encontré el sentido por el tema de la búsqueda del cortejo también. Ir a un boliche o a un concierto era una cuestión de cortejar o buscar; eso me ayudó a salir.
—¿Con qué se va a encontrar la gente que vaya a verte a Vorterix?
—Principalmente conmigo. Va a ser un show sin ningún tipo de pistas, pero no porque esté en contra, sino porque quiero encontrar otra idea musical. Me gustaría poder lograr algo como lo que hace Jacob Collier, que tiene una dedicación muy fuerte y se escucha una complejidad musical, donde cada instrumento lo toca un músico. Cada pequeño sonido depende de quién está interpretando. Por eso la música electrónica en algunas cosas no me gustaba, porque decía: “claro, pero acá hay 25 sonidos y dos personas tocando, es medio verso todo”. La música electrónica me gusta si cada uno se dedica como Kraftwerk, como Can, como Silver Apples o Vangelis.
—¿Y cómo se cuelan todos esos nombres en una canción pop?
—No lo pienso, pongo mi voz y busco acompañar con alguna idea de algo que escuché alguna vez y me gusta. Es así de sencillo, hasta Mozart lo hacía así. Tenés que sentir que te vibra bien a vos, por eso está bueno haber crecido escuchando mucha música y seguir haciéndolo hoy.